En este blog encontraras todo lo relacionado con la Guerra de Malvinas y sus participantes, actividades del Centro de Veteranos de Guerra y Familiares de Caidos,de la localidad de Hernando.(Cba), en homenaje a quienes dieron la vida por Malvinas, en especial a Fabricio Carrascull y Horacio Giraudo.
Mostrando entradas con la etiqueta Antecedentes de la Guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antecedentes de la Guerra. Mostrar todas las entradas
viernes, 20 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
THATCHER PIDIO AYUDA CONTRA ARGENTINA

Por Leonardo Boix
La ex primera ministra Margaret Thatcher pidió ayuda a Irlanda y a otros "aliados naturales" de Gran Bretaña, incluidos Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, para "destruir" a Argentina en la Guerra de las Malvinas (1982), según documentos gubernamentales desclasificados por los Archivos Nacionales del Reino Unido.
La "Dama de Hierro", según esos documentos, instó al por entonces primer ministro irlandés, Charles Haughey, a "golpear duro" a Argentina, a raíz del conflicto desatado cuando la dictadura de ese país lanzó un operativo militar de recuperación por la fuerza de las islas, ocupadas desde 1833.
Los documentos confidenciales mostraron que Thatcher pidió personalmente a Haughey que interrumpiera el comercio internacional con Argentina.
La ex primera ministra dijo sentirse forzada a buscar ayuda de "amigos cercanos" pues sospechaba que la Unión Soviética bloquearía cualquier sanción propuesta por Naciones Unidas.
"Ahora busco su ayuda personal para implementar la introducción urgente de medidas económicas y financieras contra Argentina, tras una acción coordinada nacional contra nosotros", escribió Thatcher a Haughey.
En el mensaje, titulado "personal y confidencial", la mandataria afirmó que Argentina "había dejado en claro" que desafiaría la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 03 de abril de 1982 de retirar sus fuerzas de Malvinas.
Al pedir toda la ayuda posible para "destruir" a las "tropas invasoras argentinas", Thatcher dijo que las medidas económicas y financieras "tendrían un impacto particularmente poderoso" contra el régimen de Leopoldo Galtieri, uno de los cabecillas de la última dictadura militar, iniciada con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
La gobernante, además, aceptó abiertamente que las sanciones de la ONU golpearían tanto a la economía irlandesa como a la de Argentina.
"Sé que estas medidas afectarán sus intereses económicos", dijo el mensaje, pero insistió en que obligaría al gobierno argentino "a entrar en razón" y a retirar "pacíficamente" sus tropas de las islas del Atlántico Sur.
Además de una prohibición completa al abastecimiento de armas, un embargo a todas o algunas importaciones de Argentina, Thatcher también pidió a Irlanda prohibir las garantías de crédito y préstamos internacionales a ese país.
Predijo también que los mercados monetarios internacionales "cesarían sus préstamos" a Argentina debido a la crisis económica, y apeló directamente a Haughey: "Le pido que no provea incentivo o ayuda alguna" a Argentina.
Según los documentos desclasificados, Thatcher hizo pedidos similares a "aliados naturales" de Gran Bretaña, incluidos Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Gran Bretaña y Argentina libraron un conflicto armado entre el 02 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía de las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sándwich del Sur, ubicadas en el Atlántico Sur.
Ese archipiélago fue tomado por la fuerza en 1833 y ocupado desde entonces por el Reino Unido. Argentina sigue reclamando la recuperación de su soberanía.
La Guerra de las Malvinas causó la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños, y llevó al derrumbe de la dictadura argentina.
Los informes secretos se hicieron públicos en virtud de una ley que permite desclasificar documentos secretos guardados en los Archivos Nacionales a los 30 años de su emisión.
Fuente: http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/rubriche/mundo/20101230180635197662.html
HISTORIAS DEL CONFLICTO DE MALVINAS: MALVINAS, PORQUE LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCE...
HISTORIAS DEL CONFLICTO DE MALVINAS: MALVINAS, PORQUE LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCE...: "Por Edgardo Arrivillaga y otras fuentes ."
Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.
No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente.
Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero hay certezas de que uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos. Gran parte de su logística quedo pulverizada o sepultada en el Atlántico.
Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente 280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.
Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2 o 3 a uno - esa cifra es totalmente absurda, si calculamos que se trata de un terreno de despliegue parecido a Groenlandia o a Escocia
A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas nuevamente (En rojo se detalla esencialmente la cantidad de bajas por cada día de combate):
BALANCE:
- En color rojo figura el total de caídos en el día.
- Cada vez que se observa un "+", es porque el número de bajas estimado es mayor que el real.
- Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa ha perecido en cada ataque del día.
23/04: 1 (1) Cae helicóptero Sea King en Georgias.
01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.
02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañón de 20 mm. de artillería.
04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet. Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de la aviación británica. Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.
05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.
06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.
12/05: 4 El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.
17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas
18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado).
19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.
21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).
22/05: 1 Es derribado un Harrier.
23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).
24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos. Es poco probable que haya tenido solo 6 bajas si calculamos impacto, más explosión y aceite hirviendo en el agua más hipotermia. El cálculo no parece ser real.
25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.
27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).
28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin. Es el equivalente de una compañía de infantería integra.
30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 Kg. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.
08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina.
09/06: 18 Monte Dos Hermanas, comandos del SAS.
10/06: 4 Perecen (4) infantes de marina por accidente.
11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Monte Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.
12/06: 29 (4) en Monte Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.
13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Ate. Longdon, Ate. Wiiliams y Wireless Ridge.
14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).
TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).
BUQUES AVERIADOS:
Buques perdidos (hundidos o destruidos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4
Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow
Buques averiados de consideración (casi inactivos): 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot
Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)
TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31
AERONAVES PERDIDAS:
ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10
Helicópteros derribados: 13
F/S: 32
RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26
ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4
EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8
Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.
CONCLUSIÓN:
TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.
Si hoy las islas se encuentran en posesión británica es esencialmente gracias a la ayuda que Gran Bretaña recibió de los Estados Unidos de Norteamérica, de otros cercanos y demás miembros de la OTAN. Eso, sin olvidar a la mayoría de los países europeos (excepto Irlanda e Italia), quienes sancionaron económicamente a la Argentina.
El caso francés fue ambiguo, si bien Miterrand facilitó a la Thatcher el sistema operativo de los Súper Etendard, un general francés en actividad en la Aeroespacial, conectado con argentinos en París facilitó que la provisión de repuestos de las bases francesas en Gabón llegase a la Argentina.
Israel también ofreció ayuda técnica e Italia quedó sorprendida por la performance de sus aviones ligeros.
Lo cierto es que un triunfo táctico argentino solo dejaba dos posibilidades, o un ataque nuclear limitado sobre el continente-políticamente muy costoso para Gran Bretaña e irracional-los kelpers no se merecían tanto - o una larga negociación diplomática con evacuación parcial argentino - británica e intervención de la ONU en el teatro de operaciones con una fuerza de interposición modelo greco chipriota.
Datos extraoficiales británicos aseguran que el número de caídos se acercaría a 1300, lo cual la cifra de más de 1000 bajas no es descabellada ya que el orden de batalla británico era de ataque pero con un desconocimiento absoluto de la performance de los sistemas de armas argentinos que eran europeos en su mayor parte y desbarataba su estrategia de hacer fácilmente pie en las islas.
Un Gallipoli Dos preocupaba al Almirantazgo.
Chile, por su parte ejecuto un colaboracionismo de baja intensidad pero preventivo. Sectores de la inteligencia chilena siguen sosteniendo que cada baja o destrucción del sistema de armas argentino reforzaba la autonomía chilena que era estrictamente defensiva. Brasil no apostó a la negociación que si encaró el Perú y por su parte tanto Venezuela como Cuba se demostraron los dos países mas interesados en apoyar militarmente las posiciones argentinas.
La situación geográfica argentina obligó al despliegue argentino a dejar parte de su infantería de montaña para repeler un posible ataque por la retaguardia y proporcionó inteligencia esencial para los bombardeos británicos.
En el aspecto psicosocial y cuando ya los árboles de la ira están apagados no puede dejar de señalarse que la población civil kelper fue respetada por los bandos en guerra y que la colaboración y comunicación permanente de las iglesias católica y anglicana-los vicariatos castrenses están exactamente para eso - fue útil para resguardar hombres y efectuar tareas humanitarias de intercambio de prisioneros.
En el ínterin los que vivan tendrán que esperar hasta el 2072.
BIBLIOGRAFÍA:
Bramley, Vincent, Viaje al infierno, Bs. As., Ed. Planeta, 1992.
Busser, Carlos, Malvinas, conflicto vigente, Bs. As., Ed. Vórtice, 1999.
Carballo, Pablo, Halcones sobre Malvinas, Bs. As., Ed. Cruzamante, 1985.
Cardoso, Kirschbaum, Van der Koog, Malvinas, La trama secreta.
Eddy, Paul, The Falklands War, 1984.
Gral. Thompson, Julián, No Picnic.
Hastings, M. y Jenkins, S., La Batalla por las Malvinas, Bs. As., Emecé, 1984.
Kanaf, Leo, La batalla de las Malvinas, Bs. As., Tribuna Abierta, 1982.
Kasansew, Nicolás, Malvinas, a sangre y fuego, Bs. As., Abril S.A., 1982.
Mattasi, Francisco Pío, La batalla aérea de nuestras Malvinas.
Moro, Rubén O., La guerra inaudita.
O´Connell, Portela, Malvinas, su advertencia termonuclear, AZ Editora.
Pacheco, Julia Solanas, Malvinas ¿Y ahora... qué?, Bs. As., Plus Ultra, 1996.
Preston, Antony, Sea Combat of The Falklands.
Seineldin, Mohamed Alí, Malvinas, un sentimiento, Bs. As., 2004.
The Sunday Times Insight Team, Una cara de la moneda.
Ignacio Montes de Oca, Tierra de Nadie. Editorial Sudamericana, Bs. As., 2006.
Fuente: http://www.harrymagazine.com
Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.
No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente.
Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero hay certezas de que uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos. Gran parte de su logística quedo pulverizada o sepultada en el Atlántico.
Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente 280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.
Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2 o 3 a uno - esa cifra es totalmente absurda, si calculamos que se trata de un terreno de despliegue parecido a Groenlandia o a Escocia
A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas nuevamente (En rojo se detalla esencialmente la cantidad de bajas por cada día de combate):
BALANCE:
- En color rojo figura el total de caídos en el día.
- Cada vez que se observa un "+", es porque el número de bajas estimado es mayor que el real.
- Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa ha perecido en cada ataque del día.
23/04: 1 (1) Cae helicóptero Sea King en Georgias.
01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.
02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañón de 20 mm. de artillería.
04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet. Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de la aviación británica. Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.
05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.
06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.
12/05: 4 El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.
17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas
18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado).
19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.
21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).
22/05: 1 Es derribado un Harrier.
23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).
24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos. Es poco probable que haya tenido solo 6 bajas si calculamos impacto, más explosión y aceite hirviendo en el agua más hipotermia. El cálculo no parece ser real.
25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.
27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).
28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin. Es el equivalente de una compañía de infantería integra.
30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 Kg. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.
08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina.
09/06: 18 Monte Dos Hermanas, comandos del SAS.
10/06: 4 Perecen (4) infantes de marina por accidente.
11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Monte Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.
12/06: 29 (4) en Monte Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.
13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Ate. Longdon, Ate. Wiiliams y Wireless Ridge.
14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).
TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).
BUQUES AVERIADOS:
Buques perdidos (hundidos o destruidos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4
Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow
Buques averiados de consideración (casi inactivos): 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot
Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)
TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31
AERONAVES PERDIDAS:
ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10
Helicópteros derribados: 13
F/S: 32
RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26
ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4
EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8
Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.
CONCLUSIÓN:
TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154
Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.
Si hoy las islas se encuentran en posesión británica es esencialmente gracias a la ayuda que Gran Bretaña recibió de los Estados Unidos de Norteamérica, de otros cercanos y demás miembros de la OTAN. Eso, sin olvidar a la mayoría de los países europeos (excepto Irlanda e Italia), quienes sancionaron económicamente a la Argentina.
El caso francés fue ambiguo, si bien Miterrand facilitó a la Thatcher el sistema operativo de los Súper Etendard, un general francés en actividad en la Aeroespacial, conectado con argentinos en París facilitó que la provisión de repuestos de las bases francesas en Gabón llegase a la Argentina.
Israel también ofreció ayuda técnica e Italia quedó sorprendida por la performance de sus aviones ligeros.
Lo cierto es que un triunfo táctico argentino solo dejaba dos posibilidades, o un ataque nuclear limitado sobre el continente-políticamente muy costoso para Gran Bretaña e irracional-los kelpers no se merecían tanto - o una larga negociación diplomática con evacuación parcial argentino - británica e intervención de la ONU en el teatro de operaciones con una fuerza de interposición modelo greco chipriota.
Datos extraoficiales británicos aseguran que el número de caídos se acercaría a 1300, lo cual la cifra de más de 1000 bajas no es descabellada ya que el orden de batalla británico era de ataque pero con un desconocimiento absoluto de la performance de los sistemas de armas argentinos que eran europeos en su mayor parte y desbarataba su estrategia de hacer fácilmente pie en las islas.
Un Gallipoli Dos preocupaba al Almirantazgo.
Chile, por su parte ejecuto un colaboracionismo de baja intensidad pero preventivo. Sectores de la inteligencia chilena siguen sosteniendo que cada baja o destrucción del sistema de armas argentino reforzaba la autonomía chilena que era estrictamente defensiva. Brasil no apostó a la negociación que si encaró el Perú y por su parte tanto Venezuela como Cuba se demostraron los dos países mas interesados en apoyar militarmente las posiciones argentinas.
La situación geográfica argentina obligó al despliegue argentino a dejar parte de su infantería de montaña para repeler un posible ataque por la retaguardia y proporcionó inteligencia esencial para los bombardeos británicos.
En el aspecto psicosocial y cuando ya los árboles de la ira están apagados no puede dejar de señalarse que la población civil kelper fue respetada por los bandos en guerra y que la colaboración y comunicación permanente de las iglesias católica y anglicana-los vicariatos castrenses están exactamente para eso - fue útil para resguardar hombres y efectuar tareas humanitarias de intercambio de prisioneros.
En el ínterin los que vivan tendrán que esperar hasta el 2072.
BIBLIOGRAFÍA:
Bramley, Vincent, Viaje al infierno, Bs. As., Ed. Planeta, 1992.
Busser, Carlos, Malvinas, conflicto vigente, Bs. As., Ed. Vórtice, 1999.
Carballo, Pablo, Halcones sobre Malvinas, Bs. As., Ed. Cruzamante, 1985.
Cardoso, Kirschbaum, Van der Koog, Malvinas, La trama secreta.
Eddy, Paul, The Falklands War, 1984.
Gral. Thompson, Julián, No Picnic.
Hastings, M. y Jenkins, S., La Batalla por las Malvinas, Bs. As., Emecé, 1984.
Kanaf, Leo, La batalla de las Malvinas, Bs. As., Tribuna Abierta, 1982.
Kasansew, Nicolás, Malvinas, a sangre y fuego, Bs. As., Abril S.A., 1982.
Mattasi, Francisco Pío, La batalla aérea de nuestras Malvinas.
Moro, Rubén O., La guerra inaudita.
O´Connell, Portela, Malvinas, su advertencia termonuclear, AZ Editora.
Pacheco, Julia Solanas, Malvinas ¿Y ahora... qué?, Bs. As., Plus Ultra, 1996.
Preston, Antony, Sea Combat of The Falklands.
Seineldin, Mohamed Alí, Malvinas, un sentimiento, Bs. As., 2004.
The Sunday Times Insight Team, Una cara de la moneda.
Ignacio Montes de Oca, Tierra de Nadie. Editorial Sudamericana, Bs. As., 2006.
Fuente: http://www.harrymagazine.com
martes, 11 de enero de 2011
domingo, 12 de diciembre de 2010
RELATOS DE TRANSPORTE, EXPLORACIÓN Y RECONOCIMIENTO CON HERCULES / BOEING 707

PARTE 2
DOCE BREVES RELATOS (UNO INCONCLUSO) SOBRE VUELOS DE REABASTECIMIENTO, EXPLORACION Y RECONOCIMIENTO Y ABASTECIMIENTO CON HERCULES (19 DE MAYO AL 13 DE JUNIO)
Origen en http://www.asociacionatta.com.ar/malvinas.htm
01) Entrega por lanzamiento en Puerto Darwin
-Chequeo 1 minuto afuera, zona de lanzamiento recorrida, Luz Verde carga afuera, salida normal, paracaídas abiertos...mantenga el rumbo y velocidad, carga en tierra sin novedad..., mantenga rumbo y velocidad 140, rumbo a las laderas altas al frente, rampa cerrada, ¡abajo, abajo a 50 pies!...por la izquierda rumbo 310º... ¡más abajo, más abajo! más a la izquierda, velocidad 230 nudos, dele canela, no se preocupe, al frente hay agua, dele canela, más abajo es el canal, ya estamos, la visibilidad se reduce, ahora rumbo 010º por la derecha, si ve la costa izquierda péguese a la costa...
-¿Qué costa...? No veo nada...estamos volando por instrumentos a 250 nudos y a 50 pies del agua... (Del navegador, vicecomodoro al piloto mayor , y de este al navegador, en la cabina del C-130H TC-68 Tronco, el 19 de mayo, a las 16:04 horas luego de realizar la primera entrega por lanzamiento de 8 contenedores A-22, en zona de combate, al momento de efectuar el escape sobre las aguas del Estrecho San Carlos).
02) Tiene dos bandidos arriba a seis millas...
En básica de Puerto Argentino, aún sin ver la costa por lluvia intensa, el radar nos informó el viento y las condiciones: -Viento de los 360º a los 020º, 45 nudos ráfagas 55, visibilidad 800 metros reducida por lluvia. Con esa información y el tener que realizar la aproximación para cabecera 08, decidimos regresar: -Gato, Acuario efectúa QRF por MET.
El radar nos contestó: -OK Acuario, feliz regreso. Iniciamos un viraje chato por la izquierda porque estábamos a una altura de 15 metros sobre el agua, para colocar 360º de rumbo, cuando el radar nos llamó: -Acuario, continúe viraje a 270º, tiene dos bandidos arriba a seis millas. Preguntamos: -¿Dónde vamos con 270º? .Nos contestó: -A casa.
Decidimos no hacer más comunicaciones, mantuvimos constante 50 pies de altura (la pista tenía 75 de elevación) y aceleramos a 300 nudos, metiéndonos en una capa de estratus bajos. Pasamos lateral a la pista sin verla, cuando de pronto, a través de un pequeño claro divisé el comienzo de la bahía frente a Puerto Argentino. Llevábamos un rumbo, que de mantenerlo, impactábamos con las elevaciones al oeste de la misma. Ascendimos en forma inmediata, en segundos y cruzando los 2.000 pies hicimos tope, un blanco perfecto para la PAC.
Viramos a los 360º mientras descendíamos abruptamente hasta los 50 pies e hicimos contacto visual, esta vez sobre la bahía de la Anunciación, continuando el escape de la zona. Luego de unos cuantos minutos comenzamos a respirar nuevamente. Los escasos segundos que estuvimos a 2.000 pies sirvieron para que la PAC regresara nuevamente hacia nosotros, pero volvieron a perdernos cuando nos zambullimos hacia la bahía de la Anunciación. (Del brigadier mayor, que siendo mayor era el comandante del C-130H TC-66 Acuario el 20 de mayo, realizando el penúltimo de los vuelos diurnos de abastecimiento con entrega por aterrizaje a Puerto Argentino).
03) Quedamos pagando
El 23 de mayo, finalizado el REV de la escuadrilla Nene, una orden del Comando de la FAS, nos hizo dirigir a otra posición ubicada 100 millas al sur de Darwin, sobre el mar, para reabastecer a dos Super Etendard que regresaban de una misión.
Siempre resultó bastante difícil establecer enlace con los marinos, quienes ante la posibilidad que detectaran su posición por el uso de la frecuencia de radio, a veces daban la impresión de pasarse de largo, pensando más en su propia seguridad y en detrimento de la fidelidad de una comunicación tan necesaria para su reabastecimiento.

En esa oportunidad balbucearon su indicativo, haciéndonos entender que por una luz de alarma encendida en su equipamiento, estaban siendo detectados por el enemigo. Pasaron velozmente debajo nuestro sin reabastecer, con rumbo 270º, perdiéndose en el horizonte hacia Río Grande. Como dice la jerga aeronáutica, quedamos pagando, solos, mangueras afuera, en medio de ese gélido anochecer de los mares del Atlántico Sur.
04) Exploración y Reconocimiento...
Despegamos de Comodoro Rivadavia con el C-130 TC-64 cumplimentando lo Orden Fragmentaria 2.220, con el indicativo Loco (después nos enteramos que el indicativo respondía a que alguien dijo: -¡Hay que estar loco para hacer esos vuelos!...). Debíamos detectar blancos navales al norte del Canal San Carlos e informar la posición...¿Cómo?...De la siguiente manera: se volaba rasante a 320 nudos y se iniciaba, con el IFF en Stand By, una trepada con 30º de nariz arriba hasta los 10.000 pies alcanzándolos con 110 nudos.... En el ascenso se activaba el IFF para detectar si el avión era iluminado por radares enemigos...en caso afirmativo (luz fija), se lo apagaba, se hacían dos barridos con el radar y se congelaba la posición del eco en el navegador Omega, informando las coordenadas.
Hicimos el procedimiento y habremos alcanzado...2.000 pies, con la luz del IFF encendida (señal de que alguien nos había detectado)...con todo el asiento levantado me sumergí en el PPI del radar y en el primer barrido creí ver un eco del tamaño de una lenteja...le dije al navegador: -¡Negro! ¿Viste el eco?...-Sí, me contestó, cuando ya llegaba el segundo barrido....Con mi mano izquierda corté los cuatro aceleradores...sin darle tiempo al piloto a reaccionar...descendimos hasta los 50 pies y casi nos tragamos el agua...En pocos minutos, nos enteramos que era un buque hospital (el Uganda).
05) Exploración y Reconocimiento Lejano...
El TC-68 con el indicativo Tigre, salió bien temprano -a las 03:55 horas-, el 28 de mayo y regresó a las 15:30 horas. Al día siguiente, la misma aeronave, con el mismo indicativo cumplió la misma tarea volando 11:05 horas. El 1 de junio, la misma tripulación con el mismo avión e indicativo voló 14:10 horas. Idéntica tarea realizó el 2, 4, y 8 de junio volando en cada oportunidad más de diez horas sobre las frías aguas del Atlántico Sur. ¡Cuantas anécdotas en tantas horas!. Este es el relato inconcluso, pero por lo que hicieron, integran con todo derecho el capítulo de los vuelos memorables.
06) No vendrán...
-¡Señor...! Dos aviones por la derecha y parecen A-4C.
En pocos instantes los tuvimos a nuestro lado, los mecánicos de vuelo, suboficiales Perón y Tello extendieron las mangueras y reabastecimos a los A-4C. Entretenido en esta operación había algo que me tenía intranquilo. Mi mente maquinaba: -Estamos en zona caliente, los Harriers nos buscan, qué hago dando vueltas en círculos con dos Skyhawk colgados?... porqué no doy la orden de poner rumbo de alejamiento...? ¡Eso! ¡Faltan dos!
Pregunté a la tripulación si los veían. Me contestaron: -Negativo.
No me animaba a preguntarles a los pilotos de A-4C, pues tenía miedo a la respuesta...: -Díganme muchachos si los dos que faltan pueden llegar aún. Me contestaron: -No señor, no vendrán, los derribaron en la final de tiro al portaaviones.
07) Una jugada del destino
El 31 de mayo dos tripulaciones de C-130 permanecían en apresto para las próximas salidas a la zona de combate. Una de ellas debería hacer EYR sobre el mar, que denominábamos familiarmente hablando pinchar el globo y la otra realizaría el siguiente cruce a Puerto Argentino para entrega por aterrizaje. Un Grupo me preguntó, por ser el más antiguo, qué misión elegía realizar.
No había misiones fáciles para los Hercules durante el conflicto. Me hubiera resultado más aliviado recibir simplemente la orden de cumplir tal o cual misión. Por ello, como en un gesto de magnanimidad, asumí que los más viejos, deberíamos realizar aquella misión que considerábamos más riesgosa, o al menos, así lo interpretaba yo: realizar el cruce a las Islas Malvinas.
08) Próximos a básica de Puerto Argentino
A 100 millas detrás de nuestro avión venía otro C-130, el TC-64. Estando próximos a básica de Puerto Argentino, de noche, el navegador hace un barrido e informa de unos ecos a la derecha, en el mismo momento en que el copiloto puede constatar que desde una plataforma parten misiles hacia el C-130; esto ocurre a las 20:03 horas. En el acto el comandante realizó un viraje hacia la izquierda dando máxima potencia, marcando el radioaltímetro 40 pies de altura e invirtiendo el rumbo, lo que nos lleva a ingresar a zona lluviosa y evadir la operación de helicópteros ingleses e informar al otro C-130.
09) No se preocupe enano...
El 8 de junio oímos por el VHF al primer teniente con el A-4B C-231, numeral 3 de la escuadrilla Martillo que volvía solo porque los otros integrantes habían sido derribados. Pedía por radio al radar que lo tratara de ubicar para precisar el lugar de eyección en el mar por falta de combustible. Salí al aire y le dije: -¡No se preocupe enano, que hemos interceptado su comunicación y mientras quede una chancha en vuelo, usted no se va a bañar en otro lugar que no sea el casino de oficiales!...
Lo fuimos a buscar hacia las islas. Nos pidió: -¡traten de ubicarme ustedes a mí porque temo que no nos encontremos!. Le contesté: ¡No se preocupe enano que vamos estelando como locos y nos va a ver de lejos!. Detrás nuestro quedaba marcada nuestra ruta y posición por una reveladora y espesa estela, pero si descendíamos él no llegaría hasta nosotros...así que nos jugamos. Gracias a Dios, cuando sólo le quedaba combustible para unos minutos nos encontramos.
10) Con una rueda principal menos y la ayuda de Dios...
A medida que el C-130 incrementaba lentamente velocidad, comenzó a sustentarse el plano derecho, con lo cual la corrida se hizo más controlable disminuyendo las vibraciones de la estructura. Recorridos unos 400 metros aproximadamente, con 50 nudos en el velocímetro, al TC-66 le costaba aumentar la velocidad. A los 600 metros de carrera y 68 nudos de velocidad indicada, llegamos al cráter que había en la pista, taponado con tierra. La llanta de la cubierta reventada impactó con violencia en el borde del cráter, y el Hercules en lugar de frenarse momentáneamente, se levantó en forma imperceptible.
Aún muy por debajo de la velocidad de despegue de máximo esfuerzo y también de la velocidad de mínimo control, el TC-66 se despegó del suelo escasos centímetros. Si llegábamos a tocar nuevamente, agravábamos el problema. Ganamos unos pocos nudos más, no muchos, mientras la pista se acababa y penetrábamos en una espantosa oscuridad.
Ya no quedaba pista para abortar el despegue. Fue todo instantáneo. Dí la orden de ¡tren arriba! sabiendo que no teníamos seguridad en el aire y que el avión perdería unos cuantos centímetros de altura mientras se introducía el tren, pero no tocamos, el variómetro indicaba ¡un metro por segundo arriba!...¡despegamos!...¡sí despegamos con una rueda principal menos y la ayuda de Dios!....
11) Dios es Aeronáutico
-Lanza...va a tener que despegar de inmediato...estamos en alerta roja ¡despegue! Lanza...¡deben cortar motores y abandonar el avión!. Me saqué los teléfonos y me dirigí a la cabina principal de carga, para ver qué pasaba, el porqué de esa demora...
Alrededor de 50 hombres de Artillería Antiaérea que acababan de ser relevados habían abordado el avión cubriendo desde adelante hacia atrás más de la mitad de la cabina. Además una larga fila de vehículos se extendía encolumnada hacia atrás de la rampa, con todos los faros encendidos iluminando el avión, y sus luces giratorias de ambulancia alternando en su rotación los colores rojo, azul,...como tratando de llamar la atención de las PACs que orbitaban por el lugar. Una vez más se cumplía aquello de que Dios es Aeronáutico, ya que esta visión me hizo poner los pelos de punta y por más que gritaba para que apagaran las luces no logré mi objetivo. El movimiento era febril, desordenado, con el circular de las camillas, las órdenes y contraórdenes, el ruido de los cañones y de las explosiones, los gritos de los heridos, el ir y venir de las ambulancias...
-Lanza...corten motores y abandonen el avión. Hay una PAC próxima. Diríjanse a los refugios.... No había cabida para el cumplimiento de esas órdenes. Era imposible bajar a 45 heridos del avión y la tripulación no abandonaría jamás su aeronave dejándolos a merced del enemigo.
Dí las instrucciones a la tripulación y volví a la cabina de carga...El suboficial con un gesto de la mano me hacía la señal de un minuto. Volví al puesto de copiloto, trabé cinturones y arneses y escuché por el intercomunicador: -Señor...comienzo a cerrar rampa y puerta...-Agárrense que despegamos-, le contesté. –¡ sobre frenos...dé motor a pleno y despegue! No se reocupe por la luz de alarma de puerta abierta...
Con la puerta y rampa cerrándose el TC-66 se perdió en la oscuridad. –Lanza...la PAC lo sigue con rumbo de intercepción 270º...,nos informó el radar. Comenzamos maniobras evasivas, a muy baja altura y con exceso de velocidad, durante treinta minutos. Sobrepasando la boca sur del Estrecho de San Carlos nos sentimos un poco más aliviados...y colocamos proa directa a Río Gallegos pero peinando las olas.
12) La Chancha
Mientras iba ascendiendo comencé a llamar a la Chancha que tenía ese día el indicativo Piedra y le pedí que me vinieran a buscar pues me estaba quedando sin combustible. Para mi tranquilidad me contestaron: ¡No te hagas problemas pibe que ya mismo ponemos rumbo hacia las islas y vamos a buscarte!
Del Hercules me preguntaron: -¿Piano, hasta donde llega si se planta?. Les contesté: -¡Sólo al medio del mar!. -¿Cuánto jugo le queda...? -¡200 libras!. -¡Ah...le sobra para llegar, con eso...!. -¡¡¡Dije 200 no 2.000...!!!.
Mi combustible marcaba casi cero. -¡¡¡Me parece que te tenemos...poné viraje a la derecha, nos tenés que ver!!!. Los ví allá abajo y a la derecha. Mi indicador estaba en cero. Pensé que no llegaba. Reduje todo motor y me lancé en picada mientras les pedía que, haciendo viraje, se acomodaran para mi comodidad. Adelante estaba la canasta. Me acercaba a mucha velocidad, por lo que les pedí que picaran. Inmediatamente escuché en mis auriculares: -¡Picando para rizo!. (El Hercules se montó sobre la ruta Malvinas-San Julián ascendiendo desesperadamente para evitar el descenso del A-4B y cuando estuvieron a la vista realizó una media vuelta sobre el ala, una maniobra casi acrobática para que el C-221 pudiera acoplarse).
-Llegaba, estaba allí, era mía...saqué freno de vuelo y un segundo después mi lanza se incrustaba en la canasta. Mi liquidómetro comenzó a subir. Había nacido de nuevo. Casi todo el combustible que me daban salía por un orificio en mi tanque derecho. Me fui acoplado al Hercules hasta la pista.
Mi agradecimiento eterno a esos valientes pilotos de Hercules y también a la Chancha, esa Chancha querida, pues entre ambos salvaron muchísimas vidas, yendo bastante más lejos de lo que les exigía el deber.
Etiquetas:
Antecedentes de la Guerra,
C-130 Hercuiles,
Cronologia del Conflicto,
Fuerzas participantes,
heroes,
Historia,
Vuelos memorables a Malvinas
sábado, 20 de noviembre de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
MALVINAS SECRETOS DE GUERRA
Informe especial
Cuando el submarino Santiago del Estero desembarcó secretamente en una playa desierta de las islas Malvinas a 40 kilómetros de Puerto Argentino en octubre de 1966, uno de sus tripulantes y capitán de corbeta Juan José Lombardo no soñaba que 16 años después sería el planificador de la invasión en 1982 y comandante del “Teatro de Operaciones Malvinas” en la guerra. Tampoco incidió en su posterior designación: ningún marino en actividad sabía que había sido uno de los protagonistas.
Aquel desembarco formó parte de un largo juego de guerra en torno de la recuperación de las islas Malvinas, que retomó como hipótesis el almirante Eduardo Massera en 1977 y que, finalmente, culminó en 1982 con la invasión y la búsqueda de oxígeno político para el Proceso que agonizaba. La invasión a las islas fue una de las pocas decisiones confidenciales que las Fuerzas Armadas lograron mantener. Aunque ya para diciembre de 1981 ocho almirantes de la Marina sabían de la decision de ocuparlas, lo ignoraba un miembro de la junta militar: el brigadier Lami Dozo, comandante de la Fuerza Aérea, mientras el general Mario Benjamín Menéndez recién se iba a enterar el 1 de marzo.
Convenciendo al general
Anaya había pensando la operación cuando peleaba con las lecciones de inglés en Londres en la Agregaduría naval. Ya como comandante de la Armada, el 9 de diciembre de 1981 lo había convencido en una comida con sus esposas al comandante en jefe del Ejército, el general Leopoldo Fortunato Galtieri, diciéndole que él le abría el camino para derrocar al general Roberto Viola de la presidencia. Pero tenía un precio: que apoyara la ocupación de las islas Malvinas. En los tres meses del conflicto más inesperado de la historia contemporánea, las “operaciones secretas” de ingleses y argentinos durante la guerra de las Malvinas fueron por lo menos siete. Del lado británico, son difíciles de reconstruir porque creen en la ley de secretos de Estado y la respetan. Para los militares argentinos, la derrota fue tan traumática y vergonzante que nadie se atreve a escribir una historia oficial o a admitir que hubo héroes que están olvidados y muchos, desamparados. Los errores, horrores y épicas de la guerra de las Malvinas se conocen con cuentagotas, y hay más reconocimientos a la actuación de los militares y soldados argentinos en libros y documentales hechos por los británicos que en su propio país. Este relato es el fruto de una investigación que incluyó docenas de horas de conversación con los protagonistas de la guerra de las Malvinas en la Argentina y Gran Bretaña entre agosto de 1982 y diciembre de 1985. A muchos que ayudaron a reconstruir las operaciones secretas del conflicto anglo-argentino no se los identifica a su propio pedido. Algunos han muerto y la mayoría de los militares involucrados están en situación de retiro.
Rumbo a las islas
En 1966, al comando del hoy fallecido capitán de fragata Horacio González Llanos y con Lombardo como segundo, el viejo submarino de origen norteamericano “Santiago del Estero” se desprendió de la “task force” argentina que había cumplido sus ejercicios anuales en las cercanías de Puerto Pirámides y navegó durante cuatro días hacia las islas. Aunque la tripulación creía que se dirigían a Mar del Plata, su base original. “Nos enteramos después que el comandante recibió la orden del almirante Benigno Varela, jefe de la Armada en 1966, de dirigirnos hacia la isla Soledad”, contó a Clarín uno de los oficiales que participó. Navegaron en inmersión y el submarino subió a la superficie con sus 85 tripulantes al atardecer. Dos patrullas de seis hombres cada una partieron hacia la playa, que estaba a un kilómetro y medio de distancia, en botes. La misión era reconocer si esa playa era apta para un desembarco argentino. Pero el primer intento fue un fracaso: la patrulla se perdió, el submarino los recogió de los kayacs arrastrados por la corriente marina y volvieron a sumergirse. Emergieron nuevamente al atardecer del día siguiente y consiguieron cumplir su objetivo.
El kelper no anunciado
En su análisis preparatorio, los riesgos estudiados eran mínimos. La playa era desértica y pantanosa y el único problema podría ser que varara el submarino. La gente no estaba incluida en el cálculo de las probabilidades. Pero el poblador apareció al amanecer. Un kelper somnoliento y sorprendido “aproximadamente de 40 años” se encontró frente a los militares argentinos uniformados, sin darse cuenta de que su vida corría peligro. El comandante González Llanos optó por una solución piadosa: le vaciaron una botella de whisky en la boca, lo abandonaron en la playa y partieron hacia el Santiago del Estero. La operación fue tan secreta que ni siquiera figura en el currículum de los tripulantes. Solo la conocían el nacionalista almirante Varela y Juan Carlos Boffi, comandante de la flota de mar. Varela lo admitió en su casa de Boulogne 16 años después ante esta periodista. “Supimos guardar el secreto. No se lo conté ni a mi mujer. Usted es la primera en saberlo”, relató uno de los tripulantes. La playa elegida por el Santiago del Estero no fue utilizada en 1982 para el desembarco argentino. Las fuerzas militares optaron por playas más cercanas a la capital de las islas.
No puede hablar con nadie
En diciembre de 1981, el proceso militar se ahogaba y el vicealmirante Juan José Lombardo denunció en la reunión del Almirantazgo “la descomposición del país y la necesidad de encontrar una solución política”. Amenazaba con su pase a retiro y ni siquiera logró calmarlo ese largo paseo en yate con su esposa al que lo invitó el comandante de la Marina, Jorge Anaya. El submarinista Lombardo había estudiado en la Escuela Naval Francesa, era terrateniente en Salto, nacionalista y con una visión más humanitaria del mundo que sus pares de la época. Se sorprendió cuando el 15 de diciembre, el comandante lo convocó a su despacho en el Edificio Libertad para promoverlo y designarlo comandante de operaciones navales. La orden inmediata lo dejó paralizado: “Vamos a ocupar las Malvinas. Usted será el encargado de planificar la operación. No puede hablar con nadie, a no ser con sus cuatro colaboradores inmediatos”. El alto y elegante vicealmirante Lombardo partió hacia Bahía Blanca para planificar la operación que desafió la lógica y la imaginación de los servicios de inteligencia de la guerra fría. Hasta entonces, el enemigo argentino era Chile y no los ingleses, y los fantasmas de la junta militar no eran otros que los miles de desaparecidos de la represión ilegal y la presión internacional que se ejercía para que se diera a conocer su paradero, y el fracaso del plan económico llevado adelante por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz . Ante este cuadro político y en el mes de octubre de 1981 cuando era comandante de la flota de mar, Lombardo se reunió con Anaya y le dijo: “¿Por qué no hacemos en las islas Georgias lo que hicimos en Thule en 1976?”. Thule es una isla deshabitada en el archipiélago de las Sandwich del Sur. En un intento de pulsar la reacción inglesa y “reafirmar soberanía”, siete militares de la Marina argentina la habían ocupado en 1976 al ser desembarcados por un barco de la fuerza que cumplía con su campaña anual antártica. Los ingleses habían reaccionado tardíamente, con tibieza y solo presentaron una protesta formal. La Marina había instalado una Bandera argentina y pretendía fijar en Thule un hito de soberanía: oficiales desarmados que emitieran al mundo partes meteorológicos, comunicaciones de radio y los ojos puestos en la ratificación del Tratado Antártico en 1991.
Mikado: la operación que no fue
Informe
Posiblemente sea el último secreto de la guerra de las Malvinas y su relato ayude a hilvanar las suposiciones que se hicieron en la Argentina cuando un helicóptero británico “Sea King” apareció quemado en las cercanías de Punta Arenas, generándole a Chile una de sus más delicadas crisis con nuestro país.
Su impecable reconstrucción es obra de Nigel West, el escritor británico que publicará próximamente las operaciones especiales del conflicto angloargentino, que serializa el dominical The Sunday Times. Todo comenzó en los cuarteles del SAS (las fuerzas especiales británicas) en Hereford, en las cercanías de las colinas de Malvern. El sargento Bake V. era posiblemente uno de los más corajudos de su unidad y pidió una entrevista con el mayor John Moss para una conversación franca. Lo habían puesto a cargo de evaluar los riesgos de la Operacion Mikado, un acto suicida para su grupo en pleno conflicto angloargentino. En Hereford y por el rol de los comandos, las jerarquías se diluyen y vale la habilidad y la experiencia. Para el sargento, Mikado era una acción mal concebida y que enviaba al sacrificio al escuadrón B y exigió que se suspendiera. El mayor estaba anonadado porque también compartía las mismas reservas que el sargento. Creían que no debía hacerla el SAS y que desacreditaría a su regimiento.
Matar y morir
En mayo de 1982, la guerra en las Malvinas había comenzado y los pilotos navales argentinos habían usado los mi- siles franceses Exocet en sus aviones Super Etendart contra el destructor británico “Sheffield” después del hundi- miento del crucero “General Belgrano”. El efecto fue devastador y los 20 muertos shockearon a Gran Bretaña. La inteligencia británica descubrió que había más Exocet que podrían ser lanzados por los argentinos. Si le pegaban al Hermes o al Invencible, buques madres de su flota, los resultados podrían ser catastróficos. El gabinete de guerra de Margaret Thatcher decidió que los misiles debían ser descubiertos y destruidos. La misión recayó en 65 hombres del Escuadrón B del SAS en una operación secreta que bautizaron Mikado. Debían volar hasta la base naval de Río Grande, en Tierra del Fuego, donde estaban los misiles. Aterrizar en dos Hércules C-130, destruir los misiles, los aviones Super Etendart, matar a los pilotos y refugiarse en Chile, “territorio neutral” con la excusa de un desperfecto técnico. Reagan le advirtió a Thatcher que esta clase de operaciones forzaría la intervención de otros países latinoamericanos en la guerra como Perú y Venezuela. Una operación en el continente crecía en la mente del gabinete de guerra de la Dama de Hierro.
Primer reconocimiento
Como primer paso, el capitán del SAS Andrew H. viajó hacia Chile bajo la cobertura diplomática de asistente del agregado militar. Su trabajo era reconocer las rutas, la frontera y planear cómo se abastecerían. El comando pretendía infiltrar un grupo desde Chile para dar una alerta temprana e informar al SAS cuando los Super Etendart despegaban de la base de Río Negro. Pero luego se descubrió que los aviones Harriet británicos no alcanzarían a los aviones argentinos antes de que lanzaran su misil Exocet. Después de analizar todas las opciones, se pensó que una operación estilo Entebbe (montada por los israelíes para liberar a rehenes en Uganda) era la ideal. El escuadrón empezó a entrenar en las montañas de Escocia. El general Peter de la Biliere, jefe del SAS, pensaba mandar un helicóptero de avanzada al territorio argentino para el reconocimiento del objetivo, la ubicación de los aviones y del combustible. Pensaban que los Hércules británicos serían detectados 30 millas antes por el radar y recibirían una bienvenida de misiles antiaéreos. Por eso preferían la noche para actuar y aterrizar. Divididos en dos grupos de 15, el proyecto era destruir los aviones, identificar los oficiales y matarlos uno a uno. Si los aviones sobrevivían al aterrizaje y al ataque, escaparían por aire y si no, hacia Chile por la tierra helada y húmeda, un terreno donde los comandos británicos se sienten más que cómodos y se vuelven imbatibles.
Misión abortada
Las fotos satelitales de los norteamericanos mostraban una estancia cercana a la base, la de Sara Braun. Uno de los comandos dijo que había que matar a todos sus moradores. El 17 de mayo de 1982 partió desde el portaaviones “Invencible” un helicóptero inglés con tres comandos del SAS. Armados, con equipos de comunicación satelital, el grupo se dirigía hacia Río Grande cuando el radar mostró a 20 kilómetros del objetivo que habían sido detectados. Con mirada agonizante, el capitan L. consideró “la misión comprometida”. Se miraron entre todos angustiados y decidieron avanzar hacia el oeste, rumbo a Chile, en dirección a Punta Arenas. “Mision abortada” transmiten por el equipo y abandonan el helicóptero. El Ministerio de Defensa británico dice oficialmente que se trató de un aterrizaje de emergencia. Pero el mundo sabe que las fuerzas especiales británicas están operando en el continente argentino o tratando de hacerlo. Los pilotos del SAS parten en ropas civiles en un vuelo de línea de Santiago a Londres. Más tarde hubo otro intento para llevar adelante la Operación Mikado. Pero 8 comandos del escuadron D murieron cuando un helicóptero se cayó al mar al trasladar a integrantes del SAS de un barco al otro en el Atlántico Sur pocas semanas después del primer fracaso. La señal que llegó desde los cuarteles de Hereford fue terminante: la misión suicida de la guerra se pospone.
La certeza de Zaratiegui
Pero el vicealmirante Horacio Zaratiegui, a cargo de la zona Austral en Tierra del Fuego, siempre tuvo sospechas de las intenciones británicas. Por algo lo habían entrenado los propios ingleses en su Escuela de Inteligencia en Gran Bretaña. Obsesionado con un posible ataque chileno, el oficial creía que había un alianza silenciosa entre Chile y el Reino Unido que le permitiría a los chilenos avanzar desde el oeste en recuerdo del diferendo del Beagle. En 1983 el ex comandante de la zona austral relató lo siguiente: “Nuestros radares observaron que el helicóptero se desplazaba desde el territorio chileno hacia la Argentina. Cruzó la frontera, luego quedó suspendido en el aire por unos minutos y desapareció del radar, clara señal de que había descendido. Volvió a aparecer a los 5 minutos en las cercanías de la planta de combustible y a 5 kilómetros de la estancia de Sara Braun, al sur de Río Grande y casi sobre el mar. Todo esto sucedió la noche antes que se descubriera al `Sea King’ incendiado en las cercanías de Punta Arenas. Zaratiegui estaba convencido que el helicóptero británico regresaba de una misión de reconocimiento, con un grupo de comandos que intentaba volar la planta de combustibles de la Bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego. La planta abastecía de nafta especializada JP1 a los 5 aviones Super Etendart franceses, a los 6 aviones israelíes Dagger y a los viejos Neptune de reconocimiento que actuaban contra la flota británica. El helicóptero inglés apareció en las pantallas de los únicos 3 radares de la isla de Tierra del Fuego con capacidad de interceptar señales. El primero en avistarlo fue el cabo operador del buque destructor “Bouchard”, que estaba fondeado en la bahía Esperanza. Sin usar el lenguaje cifrado, se lo comunicó a su colega del destructor Piedrabuena que estaba más al norte. También lo detectó el radar de la base aeronaval y diagosticaron que se desplazaba a 90 nudos de velocidad y rumbo 090, con dirección al este. Al día siguiente, seis helicópteros argentinos e infantes de marina se desplazaron por la isla en busca de sus rastros. No encontraron nada. Pero por precaución y a la espera de un ataque, la base de Río Grande había sido minada y se había alistado una compañía de infantes de marina para defenderla. La aviación naval argentina comenzó la guerra con 5 aviones Super Etendart y la finalizó con ellos en perfectas condiciones. Estaban pendientes del envío de Francia otros 9 Super Etendart “que no llegaron durante el conflicto por las presiones británicas, aunque sí lo hicieron sus técnicos” y 25 misiles Exocet. La entrega tardía era inevitable: en la lista de compradores estaba antes Irak, que seguía su guerra contra Irán.
Mensajes cifrados
Informe
Horacio Zaratiegui fue el responsable del área naval austral “que comprendía a la isla de Tierra del Fuego y el sur de Santa Cruz” durante la guerra de Malvinas. A 13 años de sus primeras declaraciones sigue respetando su versión del incidente protagonizado por un helicóptero inglés Sea King que fue encontrado incendiado cerca de Punta Arenas.
Y asegura desconocer que ese hecho haya sido parte de una operación llamada Mikado, por medio de la cual Gran Bretaña se planteó seriamente la posibilidad de destruir los depósitos de misiles Exocet en Río Grande aun a costa del riesgo de extender el conflicto al continente. “Yo había colocado dos destructores para proteger la costa. El 19 de mayo de 1982 los operadores de esos buques mandaron un informe indicando que habían encontrado un pajarito en la cotorra (una aeronave apareció en la consola verde del radar). Este dato fue corroborado por la Fuerza Aérea, que indicaba que se había encontrado en el radar una aeronave proveniente de la zona chilena de Tierra del Fuego dirigiéndose hacia el este. Era ineludiblemente un helicóptero”, recuerda Zaratiegui. Su relato no se aparta de la versión anterior. El helicóptero se detuvo durante cinco minutos y luego volvió a aparecer en la pantalla del radar. “Después levantó vuelo y se dirigió hacia el sur de Chile con un rumbo igual al de la marcación del radio faro de Punta Arenas. Al día siguiente, apareció un Sea King incendiado cerca de esa localidad chilena. También sigue invariable la presunción que tenía el ex jefe de la zona naval austral acerca de la misión que el helicóptero tenía que cumplir. Pero, como toda conjetura, carece de pruebas concluyentes. “Ningún helicóptero de esas características vuela sólo con tres tripulantes (los que aparecieron a la semana del hecho). Un Sea King puede llevar hasta 14 personas. ¿Para qué aterrizó? Para dejar o recoger una patrulla”, arriesga. “Yo intuyo que la idea era perpetrar un atentado contra un depósito de combustible JP1 que se hallaba cerca del lugar de aterrizaje. Nosotros no encontramos ningún rastro posterior. Eso refuerza la idea de que se trataba de personal bien adiestrado.
La posibilidad de que el atentado fuera contra los hangares donde se guardaban los Super Etendard fue descartada porque se hallaban mucho más al norte. La “conexión chilena” es, por otra parte, una hipótesis de trabajo que Zaratiegui continúa encontrando seductora. “Yo aseguro que ese helicóptero provino de territorio chileno y se dirigió luego a Punta Arenas. Después lo quemaron para simular que era un vuelo sin importancia. Se habrán dado cuenta de que fueron detectados y por eso decidieron eliminarlo. En su charla con Clarín, el marino aportó algunos indicios en los que basa su hipótesis. “De la colaboración chilena hay varias muestras. En plena guerra ellos habían adquirido a Gran Bretaña un buque petrolero “el “Tide Pool”" que devolvieron para que los ingleses lo utilizaran. También había un buque de operaciones antárticas que se reabasteció en Punta Arenas y se unió luego a la flota británica.
Fuente: Diario Clarin, Domingo 31 Marzo, 1996
Cuando el submarino Santiago del Estero desembarcó secretamente en una playa desierta de las islas Malvinas a 40 kilómetros de Puerto Argentino en octubre de 1966, uno de sus tripulantes y capitán de corbeta Juan José Lombardo no soñaba que 16 años después sería el planificador de la invasión en 1982 y comandante del “Teatro de Operaciones Malvinas” en la guerra. Tampoco incidió en su posterior designación: ningún marino en actividad sabía que había sido uno de los protagonistas.
Aquel desembarco formó parte de un largo juego de guerra en torno de la recuperación de las islas Malvinas, que retomó como hipótesis el almirante Eduardo Massera en 1977 y que, finalmente, culminó en 1982 con la invasión y la búsqueda de oxígeno político para el Proceso que agonizaba. La invasión a las islas fue una de las pocas decisiones confidenciales que las Fuerzas Armadas lograron mantener. Aunque ya para diciembre de 1981 ocho almirantes de la Marina sabían de la decision de ocuparlas, lo ignoraba un miembro de la junta militar: el brigadier Lami Dozo, comandante de la Fuerza Aérea, mientras el general Mario Benjamín Menéndez recién se iba a enterar el 1 de marzo.
Convenciendo al general
Anaya había pensando la operación cuando peleaba con las lecciones de inglés en Londres en la Agregaduría naval. Ya como comandante de la Armada, el 9 de diciembre de 1981 lo había convencido en una comida con sus esposas al comandante en jefe del Ejército, el general Leopoldo Fortunato Galtieri, diciéndole que él le abría el camino para derrocar al general Roberto Viola de la presidencia. Pero tenía un precio: que apoyara la ocupación de las islas Malvinas. En los tres meses del conflicto más inesperado de la historia contemporánea, las “operaciones secretas” de ingleses y argentinos durante la guerra de las Malvinas fueron por lo menos siete. Del lado británico, son difíciles de reconstruir porque creen en la ley de secretos de Estado y la respetan. Para los militares argentinos, la derrota fue tan traumática y vergonzante que nadie se atreve a escribir una historia oficial o a admitir que hubo héroes que están olvidados y muchos, desamparados. Los errores, horrores y épicas de la guerra de las Malvinas se conocen con cuentagotas, y hay más reconocimientos a la actuación de los militares y soldados argentinos en libros y documentales hechos por los británicos que en su propio país. Este relato es el fruto de una investigación que incluyó docenas de horas de conversación con los protagonistas de la guerra de las Malvinas en la Argentina y Gran Bretaña entre agosto de 1982 y diciembre de 1985. A muchos que ayudaron a reconstruir las operaciones secretas del conflicto anglo-argentino no se los identifica a su propio pedido. Algunos han muerto y la mayoría de los militares involucrados están en situación de retiro.
Rumbo a las islas
En 1966, al comando del hoy fallecido capitán de fragata Horacio González Llanos y con Lombardo como segundo, el viejo submarino de origen norteamericano “Santiago del Estero” se desprendió de la “task force” argentina que había cumplido sus ejercicios anuales en las cercanías de Puerto Pirámides y navegó durante cuatro días hacia las islas. Aunque la tripulación creía que se dirigían a Mar del Plata, su base original. “Nos enteramos después que el comandante recibió la orden del almirante Benigno Varela, jefe de la Armada en 1966, de dirigirnos hacia la isla Soledad”, contó a Clarín uno de los oficiales que participó. Navegaron en inmersión y el submarino subió a la superficie con sus 85 tripulantes al atardecer. Dos patrullas de seis hombres cada una partieron hacia la playa, que estaba a un kilómetro y medio de distancia, en botes. La misión era reconocer si esa playa era apta para un desembarco argentino. Pero el primer intento fue un fracaso: la patrulla se perdió, el submarino los recogió de los kayacs arrastrados por la corriente marina y volvieron a sumergirse. Emergieron nuevamente al atardecer del día siguiente y consiguieron cumplir su objetivo.
El kelper no anunciado
En su análisis preparatorio, los riesgos estudiados eran mínimos. La playa era desértica y pantanosa y el único problema podría ser que varara el submarino. La gente no estaba incluida en el cálculo de las probabilidades. Pero el poblador apareció al amanecer. Un kelper somnoliento y sorprendido “aproximadamente de 40 años” se encontró frente a los militares argentinos uniformados, sin darse cuenta de que su vida corría peligro. El comandante González Llanos optó por una solución piadosa: le vaciaron una botella de whisky en la boca, lo abandonaron en la playa y partieron hacia el Santiago del Estero. La operación fue tan secreta que ni siquiera figura en el currículum de los tripulantes. Solo la conocían el nacionalista almirante Varela y Juan Carlos Boffi, comandante de la flota de mar. Varela lo admitió en su casa de Boulogne 16 años después ante esta periodista. “Supimos guardar el secreto. No se lo conté ni a mi mujer. Usted es la primera en saberlo”, relató uno de los tripulantes. La playa elegida por el Santiago del Estero no fue utilizada en 1982 para el desembarco argentino. Las fuerzas militares optaron por playas más cercanas a la capital de las islas.
No puede hablar con nadie
En diciembre de 1981, el proceso militar se ahogaba y el vicealmirante Juan José Lombardo denunció en la reunión del Almirantazgo “la descomposición del país y la necesidad de encontrar una solución política”. Amenazaba con su pase a retiro y ni siquiera logró calmarlo ese largo paseo en yate con su esposa al que lo invitó el comandante de la Marina, Jorge Anaya. El submarinista Lombardo había estudiado en la Escuela Naval Francesa, era terrateniente en Salto, nacionalista y con una visión más humanitaria del mundo que sus pares de la época. Se sorprendió cuando el 15 de diciembre, el comandante lo convocó a su despacho en el Edificio Libertad para promoverlo y designarlo comandante de operaciones navales. La orden inmediata lo dejó paralizado: “Vamos a ocupar las Malvinas. Usted será el encargado de planificar la operación. No puede hablar con nadie, a no ser con sus cuatro colaboradores inmediatos”. El alto y elegante vicealmirante Lombardo partió hacia Bahía Blanca para planificar la operación que desafió la lógica y la imaginación de los servicios de inteligencia de la guerra fría. Hasta entonces, el enemigo argentino era Chile y no los ingleses, y los fantasmas de la junta militar no eran otros que los miles de desaparecidos de la represión ilegal y la presión internacional que se ejercía para que se diera a conocer su paradero, y el fracaso del plan económico llevado adelante por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz . Ante este cuadro político y en el mes de octubre de 1981 cuando era comandante de la flota de mar, Lombardo se reunió con Anaya y le dijo: “¿Por qué no hacemos en las islas Georgias lo que hicimos en Thule en 1976?”. Thule es una isla deshabitada en el archipiélago de las Sandwich del Sur. En un intento de pulsar la reacción inglesa y “reafirmar soberanía”, siete militares de la Marina argentina la habían ocupado en 1976 al ser desembarcados por un barco de la fuerza que cumplía con su campaña anual antártica. Los ingleses habían reaccionado tardíamente, con tibieza y solo presentaron una protesta formal. La Marina había instalado una Bandera argentina y pretendía fijar en Thule un hito de soberanía: oficiales desarmados que emitieran al mundo partes meteorológicos, comunicaciones de radio y los ojos puestos en la ratificación del Tratado Antártico en 1991.
Mikado: la operación que no fue
Informe
Posiblemente sea el último secreto de la guerra de las Malvinas y su relato ayude a hilvanar las suposiciones que se hicieron en la Argentina cuando un helicóptero británico “Sea King” apareció quemado en las cercanías de Punta Arenas, generándole a Chile una de sus más delicadas crisis con nuestro país.
Su impecable reconstrucción es obra de Nigel West, el escritor británico que publicará próximamente las operaciones especiales del conflicto angloargentino, que serializa el dominical The Sunday Times. Todo comenzó en los cuarteles del SAS (las fuerzas especiales británicas) en Hereford, en las cercanías de las colinas de Malvern. El sargento Bake V. era posiblemente uno de los más corajudos de su unidad y pidió una entrevista con el mayor John Moss para una conversación franca. Lo habían puesto a cargo de evaluar los riesgos de la Operacion Mikado, un acto suicida para su grupo en pleno conflicto angloargentino. En Hereford y por el rol de los comandos, las jerarquías se diluyen y vale la habilidad y la experiencia. Para el sargento, Mikado era una acción mal concebida y que enviaba al sacrificio al escuadrón B y exigió que se suspendiera. El mayor estaba anonadado porque también compartía las mismas reservas que el sargento. Creían que no debía hacerla el SAS y que desacreditaría a su regimiento.
Matar y morir
En mayo de 1982, la guerra en las Malvinas había comenzado y los pilotos navales argentinos habían usado los mi- siles franceses Exocet en sus aviones Super Etendart contra el destructor británico “Sheffield” después del hundi- miento del crucero “General Belgrano”. El efecto fue devastador y los 20 muertos shockearon a Gran Bretaña. La inteligencia británica descubrió que había más Exocet que podrían ser lanzados por los argentinos. Si le pegaban al Hermes o al Invencible, buques madres de su flota, los resultados podrían ser catastróficos. El gabinete de guerra de Margaret Thatcher decidió que los misiles debían ser descubiertos y destruidos. La misión recayó en 65 hombres del Escuadrón B del SAS en una operación secreta que bautizaron Mikado. Debían volar hasta la base naval de Río Grande, en Tierra del Fuego, donde estaban los misiles. Aterrizar en dos Hércules C-130, destruir los misiles, los aviones Super Etendart, matar a los pilotos y refugiarse en Chile, “territorio neutral” con la excusa de un desperfecto técnico. Reagan le advirtió a Thatcher que esta clase de operaciones forzaría la intervención de otros países latinoamericanos en la guerra como Perú y Venezuela. Una operación en el continente crecía en la mente del gabinete de guerra de la Dama de Hierro.
Primer reconocimiento
Como primer paso, el capitán del SAS Andrew H. viajó hacia Chile bajo la cobertura diplomática de asistente del agregado militar. Su trabajo era reconocer las rutas, la frontera y planear cómo se abastecerían. El comando pretendía infiltrar un grupo desde Chile para dar una alerta temprana e informar al SAS cuando los Super Etendart despegaban de la base de Río Negro. Pero luego se descubrió que los aviones Harriet británicos no alcanzarían a los aviones argentinos antes de que lanzaran su misil Exocet. Después de analizar todas las opciones, se pensó que una operación estilo Entebbe (montada por los israelíes para liberar a rehenes en Uganda) era la ideal. El escuadrón empezó a entrenar en las montañas de Escocia. El general Peter de la Biliere, jefe del SAS, pensaba mandar un helicóptero de avanzada al territorio argentino para el reconocimiento del objetivo, la ubicación de los aviones y del combustible. Pensaban que los Hércules británicos serían detectados 30 millas antes por el radar y recibirían una bienvenida de misiles antiaéreos. Por eso preferían la noche para actuar y aterrizar. Divididos en dos grupos de 15, el proyecto era destruir los aviones, identificar los oficiales y matarlos uno a uno. Si los aviones sobrevivían al aterrizaje y al ataque, escaparían por aire y si no, hacia Chile por la tierra helada y húmeda, un terreno donde los comandos británicos se sienten más que cómodos y se vuelven imbatibles.
Misión abortada
Las fotos satelitales de los norteamericanos mostraban una estancia cercana a la base, la de Sara Braun. Uno de los comandos dijo que había que matar a todos sus moradores. El 17 de mayo de 1982 partió desde el portaaviones “Invencible” un helicóptero inglés con tres comandos del SAS. Armados, con equipos de comunicación satelital, el grupo se dirigía hacia Río Grande cuando el radar mostró a 20 kilómetros del objetivo que habían sido detectados. Con mirada agonizante, el capitan L. consideró “la misión comprometida”. Se miraron entre todos angustiados y decidieron avanzar hacia el oeste, rumbo a Chile, en dirección a Punta Arenas. “Mision abortada” transmiten por el equipo y abandonan el helicóptero. El Ministerio de Defensa británico dice oficialmente que se trató de un aterrizaje de emergencia. Pero el mundo sabe que las fuerzas especiales británicas están operando en el continente argentino o tratando de hacerlo. Los pilotos del SAS parten en ropas civiles en un vuelo de línea de Santiago a Londres. Más tarde hubo otro intento para llevar adelante la Operación Mikado. Pero 8 comandos del escuadron D murieron cuando un helicóptero se cayó al mar al trasladar a integrantes del SAS de un barco al otro en el Atlántico Sur pocas semanas después del primer fracaso. La señal que llegó desde los cuarteles de Hereford fue terminante: la misión suicida de la guerra se pospone.
La certeza de Zaratiegui
Pero el vicealmirante Horacio Zaratiegui, a cargo de la zona Austral en Tierra del Fuego, siempre tuvo sospechas de las intenciones británicas. Por algo lo habían entrenado los propios ingleses en su Escuela de Inteligencia en Gran Bretaña. Obsesionado con un posible ataque chileno, el oficial creía que había un alianza silenciosa entre Chile y el Reino Unido que le permitiría a los chilenos avanzar desde el oeste en recuerdo del diferendo del Beagle. En 1983 el ex comandante de la zona austral relató lo siguiente: “Nuestros radares observaron que el helicóptero se desplazaba desde el territorio chileno hacia la Argentina. Cruzó la frontera, luego quedó suspendido en el aire por unos minutos y desapareció del radar, clara señal de que había descendido. Volvió a aparecer a los 5 minutos en las cercanías de la planta de combustible y a 5 kilómetros de la estancia de Sara Braun, al sur de Río Grande y casi sobre el mar. Todo esto sucedió la noche antes que se descubriera al `Sea King’ incendiado en las cercanías de Punta Arenas. Zaratiegui estaba convencido que el helicóptero británico regresaba de una misión de reconocimiento, con un grupo de comandos que intentaba volar la planta de combustibles de la Bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego. La planta abastecía de nafta especializada JP1 a los 5 aviones Super Etendart franceses, a los 6 aviones israelíes Dagger y a los viejos Neptune de reconocimiento que actuaban contra la flota británica. El helicóptero inglés apareció en las pantallas de los únicos 3 radares de la isla de Tierra del Fuego con capacidad de interceptar señales. El primero en avistarlo fue el cabo operador del buque destructor “Bouchard”, que estaba fondeado en la bahía Esperanza. Sin usar el lenguaje cifrado, se lo comunicó a su colega del destructor Piedrabuena que estaba más al norte. También lo detectó el radar de la base aeronaval y diagosticaron que se desplazaba a 90 nudos de velocidad y rumbo 090, con dirección al este. Al día siguiente, seis helicópteros argentinos e infantes de marina se desplazaron por la isla en busca de sus rastros. No encontraron nada. Pero por precaución y a la espera de un ataque, la base de Río Grande había sido minada y se había alistado una compañía de infantes de marina para defenderla. La aviación naval argentina comenzó la guerra con 5 aviones Super Etendart y la finalizó con ellos en perfectas condiciones. Estaban pendientes del envío de Francia otros 9 Super Etendart “que no llegaron durante el conflicto por las presiones británicas, aunque sí lo hicieron sus técnicos” y 25 misiles Exocet. La entrega tardía era inevitable: en la lista de compradores estaba antes Irak, que seguía su guerra contra Irán.
Mensajes cifrados
Informe
Horacio Zaratiegui fue el responsable del área naval austral “que comprendía a la isla de Tierra del Fuego y el sur de Santa Cruz” durante la guerra de Malvinas. A 13 años de sus primeras declaraciones sigue respetando su versión del incidente protagonizado por un helicóptero inglés Sea King que fue encontrado incendiado cerca de Punta Arenas.
Y asegura desconocer que ese hecho haya sido parte de una operación llamada Mikado, por medio de la cual Gran Bretaña se planteó seriamente la posibilidad de destruir los depósitos de misiles Exocet en Río Grande aun a costa del riesgo de extender el conflicto al continente. “Yo había colocado dos destructores para proteger la costa. El 19 de mayo de 1982 los operadores de esos buques mandaron un informe indicando que habían encontrado un pajarito en la cotorra (una aeronave apareció en la consola verde del radar). Este dato fue corroborado por la Fuerza Aérea, que indicaba que se había encontrado en el radar una aeronave proveniente de la zona chilena de Tierra del Fuego dirigiéndose hacia el este. Era ineludiblemente un helicóptero”, recuerda Zaratiegui. Su relato no se aparta de la versión anterior. El helicóptero se detuvo durante cinco minutos y luego volvió a aparecer en la pantalla del radar. “Después levantó vuelo y se dirigió hacia el sur de Chile con un rumbo igual al de la marcación del radio faro de Punta Arenas. Al día siguiente, apareció un Sea King incendiado cerca de esa localidad chilena. También sigue invariable la presunción que tenía el ex jefe de la zona naval austral acerca de la misión que el helicóptero tenía que cumplir. Pero, como toda conjetura, carece de pruebas concluyentes. “Ningún helicóptero de esas características vuela sólo con tres tripulantes (los que aparecieron a la semana del hecho). Un Sea King puede llevar hasta 14 personas. ¿Para qué aterrizó? Para dejar o recoger una patrulla”, arriesga. “Yo intuyo que la idea era perpetrar un atentado contra un depósito de combustible JP1 que se hallaba cerca del lugar de aterrizaje. Nosotros no encontramos ningún rastro posterior. Eso refuerza la idea de que se trataba de personal bien adiestrado.
La posibilidad de que el atentado fuera contra los hangares donde se guardaban los Super Etendard fue descartada porque se hallaban mucho más al norte. La “conexión chilena” es, por otra parte, una hipótesis de trabajo que Zaratiegui continúa encontrando seductora. “Yo aseguro que ese helicóptero provino de territorio chileno y se dirigió luego a Punta Arenas. Después lo quemaron para simular que era un vuelo sin importancia. Se habrán dado cuenta de que fueron detectados y por eso decidieron eliminarlo. En su charla con Clarín, el marino aportó algunos indicios en los que basa su hipótesis. “De la colaboración chilena hay varias muestras. En plena guerra ellos habían adquirido a Gran Bretaña un buque petrolero “el “Tide Pool”" que devolvieron para que los ingleses lo utilizaran. También había un buque de operaciones antárticas que se reabasteció en Punta Arenas y se unió luego a la flota británica.
Fuente: Diario Clarin, Domingo 31 Marzo, 1996
sábado, 7 de agosto de 2010
VIAJE AL INFIERNO - de Vincent Bramley

"Two sides of hell", de Vincent Bramley
Jul-27-10 - Reseña de Rosendo Fraga
TWO SIDES OF HELL
Vincent BRAMLEY
Johan Blake, London, 2009 (1era edición: 1993)*
El autor combatió en la guerra de Malvinas como integrante del batallón de paracaidistas británico que integró la task force. Esta unidad estuvo en el combate de Monte Longdon, en el cual venció tras duras acciones al Regimiento 7 de Infantería argentino que defendía la posición.
La dureza del combate la evidencian las bajas: los británicos tuvieron 23 muertos y 47 heridos y los argentinos 36 bajas mortales y por lo menos 80 heridos. Se trata de un porcentaje de bajas muy alto para los efectivos comprometidos en esta acción.
Bramley fue uno de los tantos ex combatientes británicos que quedaron emocionalmente impactados por lo que vivieron. En 1991 publica su primer libro sobre el conflicto Excursión al Infierno, en el cual da una visión del combatiente raso de infantería sobre las vivencias del conflicto.
Su visión no concordó con la que oficialmente planteaba el Ministerio de Defensa británico, porque mostraba una serie de falencias a nivel humano y además reclamaba con amargura por la desatención de los ex combatientes. Por esta razón fue denunciado a la justicia e investigado por la policía.
En la introducción a este segundo libro, sostiene que quienes por lo general escriben la historia militar son los historiadores profesionales, los líderes políticos, los corresponsales de guerra que se apresuran a publicar sus impresiones y vivencias, y los generales victoriosos en sus memorias. Pero, con razón, dice que difícilmente los soldados rasos, sobre quienes recae el peso del combate, cuentan sus vivencias públicamente, que es lo que hace él.
En este segundo libro, Bramley acomete la tarea de dar en conjunto la visión de los combatientes de ambos bandos, los que estuvieron frente a frente.
Para ello decidió realizar una serie de entrevistas con soldados rasos que combatieron en ambos bandos en el mencionado combate de Monte Longdon.
Primero entrevista a media docena de camaradas, algo que no le resulta demasiado difícil. Pero luego acomete la tarea de hacer lo mismo con ex combatientes del Regimiento 7 de Infantería, cuyos cuarteles estaban y están en la localidad de Arana, próxima a La Plata.
Para ello, en junio de 1993, viaja a Buenos Aires acompañado de otros dos ex combatientes del Tercer Batallón del Regimiento de Paracaidistas y un joven argentino que entonces vivía en el Reino Unido y que le servirá de traductor y estrecho colaborador en la tarea emprendida, Diego Kovadloff.
Los ex conscriptos argentinos que entrevista viven todos en el Gran Buenos Aires, en zonas de bajos ingresos, en Lanús y Banfield.
La recepción de los otrora enemigos es franca y cordial, cuando él esperaba resistencias e incluso resentimiento.
Reunir los testimonios le lleva varias semanas, trabajando muchas horas por día y con traducción mediante. A medida que avanza en la tarea, va encontrando más coincidencias en las vivencias humanas de los combatientes de ambos bandos.
Sobre el final de la investigación, realiza una visita a los cuarteles del Regimiento 7 de Infantería contra el cual combatió. Allí es recibido por el Segundo Jefe de la unidad y varios oficiales. Incluso se encuentra con un suboficial que con el grado de Sargento ha tenido una actuación valiente y destacada en el combate de Monte Longdon, quien continúa prestando servicios en la unidad.
Bramley se sorprende con la cordialidad con la cual lo reciben los oficiales argentinos, que le muestran la sala histórica de la unidad, que comienza con las primeras acciones en la guerra de la Independencia en 1813 y culmina con la actuación en la guerra de Malvinas, en la cual tiene un lugar destacado el único oficial muerto en el mencionado combate en ambos bandos, el Teniente Juan Domingo Baldini.
Desde la perspectiva argentina, el libro sirve para constatar que la actuación de las unidades de infantería argentina, integradas por conscriptos, fue mucho más eficaz que la imagen que en general existe sobre ello, ya que tuvieron que enfrentar a soldados profesionales con niveles de instrucción y organización de la OTAN.
Desde la perspectiva británica, confirma que el combate terrestre fue para los soldados británicos bastante más duro de lo que en general se cree.
En ambos casos, los testimonios reflejan la tristeza de los ex combatientes respecto al no reconocimiento y falta de apoyo tanto de las autoridades militares como de la sociedad civil hacia los ex combatientes, hayan sido ellos vencedores o vencidos.
En el caso británico, el tema tiene rigurosa actualidad, dado el esfuerzo que en esta década ha realizado el Ejército británico en Irak y Afganistán desde 2001 hasta la fecha. Al iniciarse las operaciones en el primer país, los efectivos del Ejército comprometidos llegaron a los 26.000 y actualmente hay 9.500 en Afganistán y todavía hay un millar en Irak.
Pero en nueve años, considerando las rotaciones por lo general semestrales, han pasado varias decenas de miles de hombres.
El peso de estas operaciones ha caído sobre uno de cada cuatro de los integrantes del Ejercito británico, que son las unidades de infantería como el batallón de paracaidistas que combatió en Malvinas.
En la exposición que se realiza actualmente en el Museo del Ejercito Británico que está en Chelsea, Londres, acerca de las guerras contemporáneas, y en las cuales está incluida la de Malvinas, se presenta un dato muy duro: el 9% de la población carcelaria británica son veteranos de guerra y 1.100 de los homeless que diariamente duermen en la calle en la capital británica también lo son.
Las causas son los traumas de la guerra, la afición por el alcohol y las drogas y, en general, la incapacidad para insertarse en la vida civil dadas las duras experiencias vividas.
Este fenómeno también lo han sufrido los veteranos argentinos y el libro de Bramley, además de su interés histórico, sirve para no olvidarlo.
* Existe edición en español: VIAJE AL INFIERNO, Planeta, 1993, 254pp.
sábado, 17 de abril de 2010
La Historia del Submarino San Luis

ALEJANDRO MAEGLI y el Submarino "San Luis"
Testigo fundamental de una batalla submarina -
* Quién es: durante la Guerra de las Malvinas fue jefe de comunicaciones del submarino San Luis. Hoy es contralmirante y director ejecutivo de la Dirección General del Material Naval. Tiene tres hijos: Alejandro, María Leonor y María Inés.
A continuacion la Impresionante historia de un submarino argentino en Malvinas.
Narra la historia, los combates y ataques del Submarino "San Luis" y su tripulación durante la Guerra de Malvinas. Desesperante... que feo que debe ser un submarino dios...
* Qué le pasó: el San Luis intentó pelear con torpedos que no funcionaban, y fue perseguido y atacado por la Royal Navy. El San Luis era comandado por un ídolo de Maegli, el capitán Fernando Azcueta.
A las siete y media de la mañana, Alejandro Maegli estaba a punto de entregar la guardia y meterse en la cama cuando de pronto el sonarista del submarino le dijo una frase que lo dejó helado: "Señor, tengo un rumor hidrofónico".
El teniente de fragata pegó un respingo queriendo creer que el operador se había equivocado.
A veces las ballenas o el krill producen "rumores biológicos" y pueden confundir al más experimentado de los técnicos del sonar. Pero el ruido venía del Noreste y sus características se iban confirmando con el correr de los minutos. Maegli era jefe de comunicaciones y tenía la obligación de despertar al comandante. Lo hizo: "Despiértelos a todos, uno por uno, y colóquelos en sus puestos de combate", le ordenó el capitán.
A Maegli se le puso la piel de gallina. En ese momento sólo podía sospechar lo que iba a ocurrir. Pero no podía saber con certeza que comenzaría la primera batalla submarina del Atlántico Sur, que venían hacia ellos helicópteros ingleses a ras del mar, seguidos de cerca por los buques de la Royal Navy, y que los esperaban veintitrés horas de miedo, suspenso, persecución y explosiones.
Era el 1° de mayo de 1982 y el submarino ARA San Luis tendría su bautismo de fuego en la Guerra de las Malvinas.
Maegli es hoy contralmirante y director del Area Material Naval, y tiene a su cargo la difícil decisión de reparar o sacar de servicio para siempre a esa nave llena de fantasmas que espera en silencio, roja por la pintura antióxido, en una dársena del puerto de Buenos Aires. ¿Cómo resolver con la cabeza un asunto del corazón?
Alejandro encontró su vocación en Mar del Plata a los cuatro años, durante una visita escolar. Un submarino reposaba en silencio, pero traía consigo ecos de aventuras, y Alejandro se metió luego en la Escuela Naval con el único propósito de surcar bajo el agua los mares del mundo. Hizo una experiencia en un buque barreminas. "Para ser oficial barreminas no hay que ser loco, pero te ayuda bastante", dice el refrán. Y después sirvió en un buque de apoyo. Finalmente, ingresó en la Escuela de Submarinos, que es muy exigente, y aprendió de memoria, uno por uno, los múltiples mecanismos internos de esa nave.
La primera vez que entró en el San Luis todo se le venía encima. Parecía realmente un lugar de confinamiento. El submarino es un cilindro que mide 50 metros desde el timón a la proa, 11 metros desde la quilla hasta el tope de la vela y 5 metros con veinte centímetros de lado a lado: ése es el diámetro de un caño donde deben vivir, trabajar, dormir y recrearse treinta y cinco hombres durante semanas y, a veces, meses de misión submarina. Travesía en la que se habla en voz baja, se come poco "porque la navegación te quita el hambre", y donde luego de la vibrante marcha en superficie y las maniobras de inmersión sobreviene una extraña serenidad espacial.
El submarino había sido comprado a Alemania en los años setenta, había llegado desarmado a la Argentina y había sido montado pieza por pieza en Buenos Aires. Pero para la época de Malvinas presentaba algunos problemas: no podía desarrollar velocidades de inmersión superiores a los 14 nudos y uno de los cuatro motores diesel que permiten cargar las baterías a través de un snorkel no funcionaba. Así y todo, Maegli no estaba tan preocupado por estas limitaciones como por su mujer, que estaba a punto de dar a luz. En marzo de 1982, ese padre primerizo, que apenas tenía 27 años, tuvo que zarpar en misión de adiestramiento y subirse por las paredes del submarino esperando la buena nueva. Estaban haciendo ejercicios con tres corbetas cuando llegó la noticia de que había nacido su hija María Inés. Los festejos a bordo fueron discretos, pero afectuosos.
A mediados de mes llegó otra orden: debían suspender los simulacros y retornar a Mar del Plata. Un amigo se lo encontró en tierra. Partía al día siguiente en el submarino Santa Fe. "Flaco -le dijo a Maegli en un susurro-me voy a Malvinas." Alejandro sospechaba que algo grande se avecinaba, pero no tenía tiempo de meditar demasiado: corrió a ver a su mujer y a conocer a su hija, y los acontecimientos del 2 de abril lo sorprendieron como a casi todos nosotros. Sintió entonces una íntima contradicción: alegría patriótica mezclada con angustia y extrañeza. Hacía pocos meses había confraternizado con los oficiales del submarino inglés HMS Endurance, que había hecho escala en Mar del Plata. El Endurance atacaría luego, con torpedos y el apoyo de helicópteros, al submarino Santa Fe.
Recibieron la orden de alistarse contra reloj y hacerse a la mar el 11 de abril. Salieron de noche, con órdenes secretas. Cuando abrieron el sobre descubrieron, tragando saliva y con los ojos bien abiertos, que debían patrullar el "Area Enriqueta", frente a Puerto Deseado. La luna brillaba en la dársena: navegaron hasta la altura de cabo Corrientes y se sumergieron. Maegli preparó las cartas de navegación y leyó la consigna: "Autorizado uso de armas en defensa". No podían atacar a nadie, porque las negociaciones diplomáticas no se habían agotado. Pero ese despacho lo obligó a procesar psicológicamente el hecho de que por primera vez no se trataba de un entrenamiento: era la guerra.
Pasaron varios días haciendo recorridos y subiendo el snorkel media hora para obtener energía y oxígeno: ésos eran los momentos de mayor vulnerabilidad de la nave. Luego todo fue esperar y madurar la idea del combate. Salvo, claro está, cuando sucedió lo imprevisto: una avería en la computadora de control de tiro. Llevaban a bordo 10 torpedos alemanes y 14 estadounidenses. Pero sin esa computadora, la única alternativa era lanzarlos de manera manual. Trataron de repararla, pero no tenían a bordo los elementos con qué hacerlo, y el 27 de abril recibieron otro mensaje: "Destacarse y ocupar «Area María». Todo contacto es enemigo".
Eso significaba que debían desplazarse a una zona cercana a la isla Soledad y que allí no había buques argentinos. Cualquier "rumor hidrofónico" tenía entonces que ser, forzosamente, una nave inglesa, y la orden era dispararle, sin dudar.
El 1° de mayo Maegli juntó a todo su equipo de informaciones de combate. Se sentaron alrededor de una mesa minúscula y él descubrió que le temblaban las piernas y que no podía levantar la cara. Cuando la levantó vio que sus camaradas estaban en idéntica actitud de pánico. Vadeó como pudo ese pantano y comenzó la reunión de análisis. Luego se colocó los auriculares: el blanco venía hacia ellos y el comandante ordenaba preparar tubos de torpedos y movimientos submarinos para encontrar la mejor posición de tiro. En un momento, el sonarista oyó explosiones y hélices de helicópteros. Se aproximaban tres helicópteros antisubmarinos con los sonares desplegados y largando cargas de profundidad a ciegas. A medida que analizaban los sonidos y señales se daban cuenta de que los Sea King avanzaban abriéndoles camino franco y seguro a varios buques británicos de guerra. Cuando estaban a 9000 yardas, Maegli le dijo a su capitán: "Señor, datos de blanco ajustados". El comandante gritó: "¡Fuego!" Y el torpedo salió disparado con trepidaciones y ruidos escalofriantes. Llevaba consigo un cable de guía a través del cual se podía teledirigir su dirección. Pero a los pocos minutos un oficial informó que el cable se había cortado. El torpedo seguía ahora corriendo, aunque de manera autónoma, y estaba programado para ir ascendiendo con el objeto de asegurar el impacto. El problema es que, al hacerlo, se hacía visible. En cinco minutos absolutamente todos los buques ingleses desaparecieron del sonar, y el torpedo se perdió en la nada.
No era difícil para los helicopteristas ingleses ver el trazado del disparo y calcular la posición del San Luis. A Maegli se le secó la boca. Pasarían de cazadores a presas en segundos; los ingleses, a gran velocidad; los argentinos, en cámara lenta.
El capitán ordenó evasión a toda máquina y el sonarista dijo: "Splash de torpedo en el agua". Les habían disparado y ya se sentían los sonidos de alta frecuencia que el proyectil inglés emitía al acercarse. "Máxima profundidad", ordenó el comandante. Y a continuación mandó lanzar falsos blancos. Se usaban señuelos, pastillas gigantes que en contacto con el agua hacían burbujas y confundían con sus ecos apócrifos. Los llamaban "Alka Seltzer". Después de expulsar los dos señuelos, el sonarista informó de algo que galvanizó a todos: "Torpedo cerca de la popa". Maegli pensó: "Cagamos, nos está persiguiendo, nos va a reventar". El sonarista agregó: "Torpedo en la popa".
Diez segundos y un año después, el operador dijo, con su voz metálica: "Torpedo pasó a la otra banda". Una alegría silenciosa, un cierto alivio recorrió el cilindro: el torpedo inglés había pasado de largo y se perdía en el mar. Se habían salvado por un pelo.
En ese instante mismo comenzó el hostigamiento. Los Sea King se acercaron lanzando sus cargas y sacudiendo el océano. Tiraban todavía sin tener la posición exacta del San Luis, que bajaba y bajaba. Pescaban con bombas a unos quinientos metros del mentón del teniente Maegli. El submarino fue reduciendo su velocidad y se asentó con un golpe en el fondo de arena. Cada veinte minutos los helicópteros llegaban y soltaban sus explosivos, reemplazándose los unos a los otros en la tarea durante horas y horas. Las ondas expansivas no llegaban y entonces el máximo problema era el oxígeno. Sin poder sacar el snorkel, el dióxido de carbono subía y el peligro aumentaba. El comandante ordenó que la tripulación abandonara sus puestos de combate y se metiera en la cama: había que gastar lo menos posible. Meterse en la cama y dormir en un submarino que está en el fondo del mar y al que le siguen disparando debe ser una de las experiencias más inquietantes de la vida. A pesar de ella, Maegli pensó: "El problema no es el miedo sino cómo controlarlo", y se quedó dormido.
Veintitrés horas después del primer "rumor hidrofónico", el sonarista anunció que el área estaba despejada. El San Luis emergió a plano de periscopio, sacó el snorkel y la antena, y recibió la triste información de que habían hundido al Santa Fe en las Georgias. El teniente pensó en su amigo y en los oficiales del Endurance, y luego no pensó más que en hacerse fuerte y seguir haciendo su trabajo. "Ya teníamos callosidades en el alma, ya éramos diferentes", dice hoy, al recordar aquel bautismo de fuego.
Cinco días más tarde, en un teatro de operaciones infestado de naves enemigas, los sensores acústicos volvieron a detectar "ruido hidrofónico". "Posible submarino", dictaminó el operador. Y el comandante ordenó de nuevo que todos ocuparan sus puestos de combate y que el San Luis avanzara hacia el blanco, que tenía un extraño comportamiento zigzagueante. "Blanco alfa muy cerca", dijo el operador. Estaba a unos 1500 metros. Dispararon un torpedo antisubmarino de recorrido corto y escucharon una detonación tremenda. Pero nunca pudieron determinar a qué le habían pegado.
En la madrugada del 11 de mayo, Maegli estaba nuevamente de guardia cuando el sonar detectó una fragata misilística que venía del Este, y al rato otra del Norte. Todos estaban en sus puestos. Y allí, provisionalmente en pausa de combate, les sirvieron un memorable arroz con tomate que los submarinistas comieron con los músculos en tensión, como si fuera lo último que probarían antes de morir. Luego comprendieron que los dos buques británicos convergían sobre el estrecho de San Carlos y el capitán ordenó atacar el blanco más cercano a la costa. "¡Fuego!", volvió a gritar, a una distancia de 5200 yardas. Tardó tres minutos en cortar cable. Pero todos los tripulantes acompañaban mentalmente la corrida del torpedo. Hasta que, de repente, Maegli escuchó un clanc. Un alarmante ruido de chapa. El sonarista informó que los blancos huían a toda máquina. El proyectil había pegado en el casco, pero no había explotado. El proyectil, una vez más, no estaba en buenas condiciones. Los dos buques ingleses venían de hundir con artillería al ARA Islas de los Estado, un barco argentino que transportaba municiones y combustible de avión. Habían muerto más de veinte hombres en ese naufragio.
Cuando el capitán comunicó al Comando de Operaciones Navales las fallas del torpedo y les recordó las dificultades en el sistema de tiro, recibió una directiva terminante: volver a casa. Regresaban a Puerto Belgrano de noche y en silencio: no habían logrado hundir ningún buque y aunque habían provocado, tal como confesaron luego los ingleses, una verdadera psicosis en el mar y habían logrado retardar con su amenaza submarina el desembarco en las islas, llevaban un regusto amargo. "La prevención, el desgaste de energía y el temor que genera un submarino es terrible", me explica el contralmirante Maegli; se nota que aquella amargura no se le ha borrado de la boca.
Atracaron en secreto en la base naval y comenzaron a realistar el San Luis, metiéndolo a dique. El teniente llegó estresado, barbudo y con la misma ropa con que había salido de Mar del Plata a su departamento de casado, y durante una semana no respondió preguntas ni salió de la cocina de dos por dos: sólo se sentía seguro en lugares reducidos.
Nunca el San Luis pudo volver al teatro de operaciones. Trajeron a dos expertos para repararlo, pero tardaron cuarenta días y eso dejó al submarino y a su tripulación fuera de la guerra. El 14 de junio los tapó la tristeza. Maegli siguió prestando servicio en el San Luis, y en 1983 lograron que los técnicos alemanes revisaran los mecanismos, explicaran las razones de los desperfectos en sus torpedos y en el sistema de tiro que habían fabricado, y pudieran hacerse las modificaciones necesarias.
Alejandro siguió una larga carrera de perfeccionamiento profesional. Fue comandante del ARA Salta -gemelo del San Luis-, director de la Escuela de Submarinos y agregado de Defensa en Canadá. Un amigo de Ottawa le regaló un libro donde figuraban las grandes batallas submarinas de la historia. Un historiador británico, especializado en el tema, narraba las dramáticas aventuras de un submarino argentino que había escapado de milagro al acecho de la Royal Navy: el San Luis. Maegli no quiso leerlo así como no quiere visitar el submarino rojo que duerme en un astillero de la Costanera Sur a la espera de ser convertido en un museo o regresar al mar. "Es viejo, pero no es anticuado -lo defiende el director de Material Naval de la Armada argentina-. Si me preguntás qué quiero te respondo algo muy simple: sólo un buen final."
Volvió al astillero para hacerse unas fotografías. Pero lo hizo a regañadientes. Las ánimas vestían de rojo. Costó hacerlo subir al puente del San Luis. Maegli finalmente subió y recordó en un pestañeo el momento exacto en el que se abrió la escotilla y salió a la luz después de 37 días sumergidos en el Atlántico Sur sin ver el océano ni el cielo ni el sol. Maegli asomó su cara agotada de 1982 y respiró profundamente. Lo sorprendió en ese momento el olor puro del mar. El imborrable olor de la vida.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Fallo ejemplar: Cámara de Casación "Malvinas no fue un crimen más de la dictadura"

Un duro golpe a lo desmalvinizadores, es el producto del fallo de la Cámara de Casación Penal al expedirse sobre un caso de supuesto estaqueo en el continente. Casación lo declaró prescrito e infundado, No hay delito de lesa humanidad para los jueces...
La Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal consideró que vejámenes de militares contra conscriptos argentinos en Malvinas no son delitos de lesa humanidad y, por lo tanto, las acciones penales que por esos hechos están prescriptas. Así lo dispuso al revocar dos resoluciones de la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia, por las que había rechazado dos recursos de apelación presentados por el subteniente Jorge Taranto y el capitán Daniel Polano, contra la decisión que había calificado a esos hechos como crímenes de lesa humanidad.
Ante un recurso de apelación presentado contra el polémico fallo de agosto pasado, donde la Cámara de Casación de Cómodoro Rivadavia (2 votos contra 1) expresaba que Malvinas había sido un crimen más de la dictadura. Sin embargo, en el día de hoy, la La Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal (todos votos positivos) le dio la razón a la defensa.
Dos casos
El caso de Río Grande, el fallo "Pierre", donse se acusa (entre varios acusados) al por aquel entonces subteniente Jorge Taranto (conductor del famoso programa radial "Malvinas, la verdadera historia" de Radio 10) de haber cometido cinco actos ilícitos en las Islas Malvinas, entre ellos estaqueos a sus soldados.
El caso de Comodoro Rivadavia, el fallo "Vassel", donde su acusa a Daniel Polano, por entonces Capitán, y a Hugo Álvarez de haber estaqueado por dos horas en Comodoro Rivadavia (previo a Malvinas), a un soldado.
Comodoro Rivadavia: El fallo polémico
La jueza Eva Parcio de Seleme, titular del Juzgado Federal de Comodoro Rivadavia, rechazó en febrero último una excepción de prescripción en una causa similar. La magistrada sostuvo que los hechos investigados están enmarcados en el contexto histórico que atravesó el país entre 1976 a 1982, en el marco del denominado Proceso de Reorganización Nacional, “coincidente con las ilegítimas e ilegales acciones y crímenes aberrantes cometidos por la última dictadura militar”. Agregó que “la guerra de Malvinas formó parte de ese nefasto proceso con un inusitado proyecto de mantenerse en el poder. Que el hecho investigado forma parte en su generalidad, de un conjunto de hechos similares en relación a que las víctimas resultaban ser soldados conscriptos en el conflicto armado de Malvinas y que fueran cometidos en su perjuicio por algunos Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas cometidos tanto en el continente como en el territorio de las islas”. A raíz de ello, la defensa apeló a la Cámara Nacional de Casación Penal, tribunal de mayor rango.
El fallo de la Cámara Nacional
Con el fallo conocido hoy, se declara prescrita la causa, por no ver que en ella haya un delito de lesa humanidad. El fallo Polano sienta precedente en la jurisprudencia, que la Guerra de Malvinas, fue un hecho distinto al accionar aberrante de la dictadura, y que si el acusado merecía una pena, no podrá ser más que un reproche por medio de los fueros militares o bien, una sanción administrativa.
Resumen del fallo "Polano": El doctor Juan E. Fégoli dijo: "En consonancia con los autos traídos aquí a estudio, en la causa "Taranto, Jorge Eduardo s/recurso de casación" del registro de esa Sala I señalé que tanto los crímenes comunes como los crímenes contra la humanidad tienen la peculiar característica de atentar contra bienes jurídicos individuales. Es por ello que en este sentido resulta de vital importancia trazar una línea teórica que sirva como criterio de distinción al respecto, la que, como se verá, permitirá concluir que en el sub lite, realizado un juicio de tipicidad a partir de los elementos del tipo del delito de lesa humanidad, no resultará posible calificar conforme aquél los hechos imputados a Polano.
En el caso considero que por más aberrantes que puedan resultar las acciones que presuntamente se habrían desarrollado, no se encuentran acreditados los requisitos de sistematicidad ni generalidad del ataque, como elementos que elevarían los delitos supuestamente cometidos a la categoría más grave de delitos contra la humanidad. Y es que aún cuando pudieron haber existido numerosos hechos, las constancias de los autos principales revelarían que los mismos habrían respondido a la propia iniciativa de sus ejecutores ante la eventual comisión de una infracción, cuestionable o no... pudiendo colegirse de ello la inexistencia de un plan preorganizado.
Al respecto, corresponde señalar que no resulta plausible dar por probada la denominada pauta de contexto en que debe verificarse el delito a partir del momento histórico en que se desarrollaron los hechos y que, en función de esa coincidencia temporal con otros actos perpetrados por el gobierno de facto que detentaba el poder, aquéllos deban quedar subsumidos en la misma calificación que éstos. Una elaboración de esta índole no solamente adolece de falta de logicidad, sino que además, podría conducir a resultados jurídicos de manifiesta arbitrariedad, llevando a considerar crímenes de tal entidad a delitos aislados por la sola circunstancia de haber sido cometidos por personal o autoridad de alguna fuerza y durante la última dictadura militar.
La pretensión de que el hecho que se denunció en esta causa constituye un crimen de lesa humanidad no es en absoluto correcta. No sólo no resiste el análisis relativo a los textos legales internacionales contemporáneos. Tampoco puede subsumirse el hecho en la categoría de delitos de lesa humanidad si se atiende a la idea central que ha constituido la motivación histórica con la que ha sido modelada la categoría, es decir, en el propósito de distinguir los crímenes de lesa humanidad de los delitos comunes..."
"Así las cosas, sentado cuanto precede, propongo al acuerdo hacer lugar al recurso de casación interpuesto por la defensa, debiendo remitirse las actuaciones a su procedencia a fin de que se dicte un nuevo pronunciamiento de conformidad con la doctrina aquí sentada, sin costas."
Jueces Raúl R. Madueño, Juan E. Fégoli y Juan C Rodrñiguez Basavilvaso.
La postura de la defensa, avalada por unanimidad de los jueces de Casación:
"Queda descartada la calificación como delito de lesa humanidad toda vez que, no solo la supuesta víctima pertenecía al ejército..., sino que en la especie se investiga un acontecimiento que aparece claramente como circunstancial y aislado, que no tuvo ninguna conexión con la ideología política del damnificado, ni fue parte de una política general del Estado...".
"La aplicación de la ´Convención sobre imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Delitos de Lesa Humanidad´ a esta especie es inconstitucional por implicar una aplicación retroactiva de la ley penal contraria al art. 18 de nuestra Carta Magna."
"La pretensión de englobar al conjunto de los militares profesionales como verdugos de sus propios soldados, es falsa, malintencionada e injusta. Los casos de inconductas o delitos, deberían haberse denunciado y juzgado a través del Derecho Penal Argentino y el Código de Justicia Militar, oportunamente. Hoy sólo queda la instancia desancionarlos administrativamente mediante decisiones emanadas del Poder Ejecutivo Nacional...".
La Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal consideró que vejámenes de militares contra conscriptos argentinos en Malvinas no son delitos de lesa humanidad y, por lo tanto, las acciones penales que por esos hechos están prescriptas. Así lo dispuso al revocar dos resoluciones de la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia, por las que había rechazado dos recursos de apelación presentados por el subteniente Jorge Taranto y el capitán Daniel Polano, contra la decisión que había calificado a esos hechos como crímenes de lesa humanidad.
Ante un recurso de apelación presentado contra el polémico fallo de agosto pasado, donde la Cámara de Casación de Cómodoro Rivadavia (2 votos contra 1) expresaba que Malvinas había sido un crimen más de la dictadura. Sin embargo, en el día de hoy, la La Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal (todos votos positivos) le dio la razón a la defensa.
Dos casos
El caso de Río Grande, el fallo "Pierre", donse se acusa (entre varios acusados) al por aquel entonces subteniente Jorge Taranto (conductor del famoso programa radial "Malvinas, la verdadera historia" de Radio 10) de haber cometido cinco actos ilícitos en las Islas Malvinas, entre ellos estaqueos a sus soldados.
El caso de Comodoro Rivadavia, el fallo "Vassel", donde su acusa a Daniel Polano, por entonces Capitán, y a Hugo Álvarez de haber estaqueado por dos horas en Comodoro Rivadavia (previo a Malvinas), a un soldado.
Comodoro Rivadavia: El fallo polémico
La jueza Eva Parcio de Seleme, titular del Juzgado Federal de Comodoro Rivadavia, rechazó en febrero último una excepción de prescripción en una causa similar. La magistrada sostuvo que los hechos investigados están enmarcados en el contexto histórico que atravesó el país entre 1976 a 1982, en el marco del denominado Proceso de Reorganización Nacional, “coincidente con las ilegítimas e ilegales acciones y crímenes aberrantes cometidos por la última dictadura militar”. Agregó que “la guerra de Malvinas formó parte de ese nefasto proceso con un inusitado proyecto de mantenerse en el poder. Que el hecho investigado forma parte en su generalidad, de un conjunto de hechos similares en relación a que las víctimas resultaban ser soldados conscriptos en el conflicto armado de Malvinas y que fueran cometidos en su perjuicio por algunos Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas cometidos tanto en el continente como en el territorio de las islas”. A raíz de ello, la defensa apeló a la Cámara Nacional de Casación Penal, tribunal de mayor rango.
El fallo de la Cámara Nacional
Con el fallo conocido hoy, se declara prescrita la causa, por no ver que en ella haya un delito de lesa humanidad. El fallo Polano sienta precedente en la jurisprudencia, que la Guerra de Malvinas, fue un hecho distinto al accionar aberrante de la dictadura, y que si el acusado merecía una pena, no podrá ser más que un reproche por medio de los fueros militares o bien, una sanción administrativa.
Resumen del fallo "Polano": El doctor Juan E. Fégoli dijo: "En consonancia con los autos traídos aquí a estudio, en la causa "Taranto, Jorge Eduardo s/recurso de casación" del registro de esa Sala I señalé que tanto los crímenes comunes como los crímenes contra la humanidad tienen la peculiar característica de atentar contra bienes jurídicos individuales. Es por ello que en este sentido resulta de vital importancia trazar una línea teórica que sirva como criterio de distinción al respecto, la que, como se verá, permitirá concluir que en el sub lite, realizado un juicio de tipicidad a partir de los elementos del tipo del delito de lesa humanidad, no resultará posible calificar conforme aquél los hechos imputados a Polano.
En el caso considero que por más aberrantes que puedan resultar las acciones que presuntamente se habrían desarrollado, no se encuentran acreditados los requisitos de sistematicidad ni generalidad del ataque, como elementos que elevarían los delitos supuestamente cometidos a la categoría más grave de delitos contra la humanidad. Y es que aún cuando pudieron haber existido numerosos hechos, las constancias de los autos principales revelarían que los mismos habrían respondido a la propia iniciativa de sus ejecutores ante la eventual comisión de una infracción, cuestionable o no... pudiendo colegirse de ello la inexistencia de un plan preorganizado.
Al respecto, corresponde señalar que no resulta plausible dar por probada la denominada pauta de contexto en que debe verificarse el delito a partir del momento histórico en que se desarrollaron los hechos y que, en función de esa coincidencia temporal con otros actos perpetrados por el gobierno de facto que detentaba el poder, aquéllos deban quedar subsumidos en la misma calificación que éstos. Una elaboración de esta índole no solamente adolece de falta de logicidad, sino que además, podría conducir a resultados jurídicos de manifiesta arbitrariedad, llevando a considerar crímenes de tal entidad a delitos aislados por la sola circunstancia de haber sido cometidos por personal o autoridad de alguna fuerza y durante la última dictadura militar.
La pretensión de que el hecho que se denunció en esta causa constituye un crimen de lesa humanidad no es en absoluto correcta. No sólo no resiste el análisis relativo a los textos legales internacionales contemporáneos. Tampoco puede subsumirse el hecho en la categoría de delitos de lesa humanidad si se atiende a la idea central que ha constituido la motivación histórica con la que ha sido modelada la categoría, es decir, en el propósito de distinguir los crímenes de lesa humanidad de los delitos comunes..."
"Así las cosas, sentado cuanto precede, propongo al acuerdo hacer lugar al recurso de casación interpuesto por la defensa, debiendo remitirse las actuaciones a su procedencia a fin de que se dicte un nuevo pronunciamiento de conformidad con la doctrina aquí sentada, sin costas."
Jueces Raúl R. Madueño, Juan E. Fégoli y Juan C Rodrñiguez Basavilvaso.
La postura de la defensa, avalada por unanimidad de los jueces de Casación:
"Queda descartada la calificación como delito de lesa humanidad toda vez que, no solo la supuesta víctima pertenecía al ejército..., sino que en la especie se investiga un acontecimiento que aparece claramente como circunstancial y aislado, que no tuvo ninguna conexión con la ideología política del damnificado, ni fue parte de una política general del Estado...".
"La aplicación de la ´Convención sobre imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Delitos de Lesa Humanidad´ a esta especie es inconstitucional por implicar una aplicación retroactiva de la ley penal contraria al art. 18 de nuestra Carta Magna."
"La pretensión de englobar al conjunto de los militares profesionales como verdugos de sus propios soldados, es falsa, malintencionada e injusta. Los casos de inconductas o delitos, deberían haberse denunciado y juzgado a través del Derecho Penal Argentino y el Código de Justicia Militar, oportunamente. Hoy sólo queda la instancia desancionarlos administrativamente mediante decisiones emanadas del Poder Ejecutivo Nacional...".
Fuente: El malvinense . http://www.malvinense.com.ar/
domingo, 16 de diciembre de 2007
ANTECEDENTES DE LA GUERRA DE MALVINAS
En 1833, una expedición británica, invadió las Islas. A partir de entonces, Argentina, reclamó en varias oportunidades la soberanía. A principios de 1982, el régimen militar, estaba llegando a su fin, la situación económica y política, y las presiones por la violación de los derechos humanos, llevaron a la Junta Militar a un callejón sin salida.
El enfrentamiento entre Argentina y Gran Bretaña se inicia a partir de las actividades empresarias de un argentino, Constantino Davidoff. Su actividad principal eran los negocios relacionados con la chatarra. En el mes de Septiembre de 1979 firmó en Londres un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo, adquiriendo las instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias, a un valor inferior a los u$s 200.000.
Para desmantelar las instalaciones era necesario transportar a las islas personal y equipos. Davidoff gestionó en la Embajada Británica en Buenos Aires el servicio del buque antártico HMS Endurance, de la armada británica. Pero su pedido fue denegado y, seguidamente, la Armada Argentina se pone a su disposición para llevar a cabo la tarea.
El incidente comenzó formalmente cuando Davidoff dejó Buenos Aires en el rompehielos Almirante Irizar que había contratado y arribó a Leith el 20 de diciembre de 1981. Habiendo informado a la embajada británica en Buenos Aires de sus intenciones, viajó directamente a Leith sin detenerse en Grytviken para obtener permiso, probablemente ignorando el requisito de hacerlo y luego regresó a Argentina.
El Gobernador Hunt de las Islas Malvinas aparentemente se enteró de la visita por informes de que el rompehielos Almirante Irizar se encontraba en Stromness Bay y por informes de gente de Grytviken de que alguien había estado en Leith. Parece probable que la embajada británica en Buenos Aires no informara a Hunt. Hunt presionó solicitando un accionar contra Davidoff por haber éste desconocido las normas.
El embajador británico protestó al Gobierno argentino por este incidente el 3 de febrero, advirtiendo que esto no debía repetirse. La protesta fue rechazada el 18 de febrero.
Davidoff se disculpó en la embajada británica por las dificultades que había causado y solicitó directivas detalladas sobre la manera adecuada de regresar a Georgias del Sur a desmantelar las instalaciones. La embajada preguntó al Gobernador Hunt. Este no respondió hasta después de la partida de Davidoff el 11 de marzo, luego de notificar formalmente en la embajada británica que 41 personas estaban embarcadas en el Bahía Buen Suceso, un buque argentino de aprovisionamiento antártico. Todo lo concerniente le debió haber sido informado antes del desembarco en Leith el 19 de marzo, dejando una vez más de lado a Grytviken. En este desembarco se produce el hecho que se utilizó como desencadenante del conflicto, y por el cual las autoridades británicas acusaron formalmente a los argentinos: el izado de una bandera argentina.
Al desembarcar los argentinos, las autoridades británicas en Grytviken notificaron al Gobernador de Malvinas Rex Hunt sobre una bandera argentina izada. El Foreign Office ordenó el envío del navío Endurance con el objeto de obligar a los operarios a arrear la bandera y evitar además el supuesto desembarco de personal militar y armas de fuego.
La guerra estaba por comenzar...
LA OCUPACIÓN MILITAR DE LAS MALVINAS
Durante la noche del 1° de abril de 1982 y la madrugada del viernes 2, parte de la flota argentina de mar operaba frente a las Islas Malvinas. Entretanto, la reducida dotación de infantes de marina británicos destacada en la capital malvinense (entonces Puerto Stanley) se desplegaba en actitud defensiva.
Esa misma noche se reunía el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a pedido del Reino Unido de Gran Bretaña, que denunció "la inminente amenaza de invasión argentina a las islas". La reacción argentina fue inmediata. Nuestro embajador ante las Naciones Unidas denunció, en dicho Consejo, la situación de grave tensión provocada arbitrariamente por aquel país en las Georgias.
A las 6:30 de la mañana del viernes 2, mediante un operativo combinado de las tres fuerzas, la Argentina logró desembarcar en Puerto Stanley y ocupar las islas, luego de algunos enfrentamientos en diversos lugares de las mismas, que culminaron con la rendición del gobernador británico ante el contralmirante Carlos Busser al mando de las fuerzas nacionales de Infantería de Marina, que fueron las primeras en desembarcar. Al mismo tiempo, el general Osvaldo J. García fue designado comandante de las Fuerzas Armadas en el teatro de operaciones.
Al día siguiente de la ocupación era designado gobernador de las Malvinas el general Mario Benjamín Menéndez, pasando a ser el segundo gobernador argentino del Archipiélago. El primero fue Luis Vernet, designado en 1982 por Martín Rodríguez.
El 3 de abril se reunió, a pedido de Gran Bretaña, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y dictó la Resolución 502 "exigiendo el retiro de las fuerzas argentinas de las Islas del Atlántico Sur". Votaron los 16 miembros del Consejo. El único país que lo hizo en contra del proyecto británico fue Panamá. Se abstuvieron China, España, Polonia y la Unión Soviética.
El 26 de mayo se reunió nuevamente el Consejo de Seguridad, aprobando la Resolución 505, por la que reafirma la anterior (502), instando a las partes en conflicto a cooperar plenamente con el Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez De Cuellar, en sus esfuerzos por poner fin a las hostilidades.
Entretanto -mientras se desarrollaban esas gestiones de pacificación, a las que se sumó el gobierno de los Estados Unidos- el gobierno británico alistaba gran parte de su poderosa flota de guerra y la desplazaba a toda máquina, rumbo al teatro de operaciones.
Simultáneamente, tanto el gobierno inglés como los países de la Comunidad Económica Europea disponían drásticas sanciones económicas y financieras contra la Argentina.
El 28 de mayo se reunieron en la sede de la OEA (Washington) los cancilleres de los 21 países miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y adoptaron una resolución por 17 votos a favor y 4 abstenciones (Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad-Tobago) "condenando el ataque británico a la Argentina y solicitando a los Estados Unidos que cese su asistencia militar al Reino Unido". A la vez, autorizó a los países latinoamericanos a ayudar a la Argentina en la emergencia; es decir, dejando la puerta abierta a una posible acción colectiva, o aislada, contra Gran Bretaña. Esto no se llegó a concretar más allá de generalizadas expresiones de encendida solidaridad y apoyo diplomático, incluyendo, en algunos casos, ofrecimientos de eventual ayuda militar.
El enfrentamiento entre Argentina y Gran Bretaña se inicia a partir de las actividades empresarias de un argentino, Constantino Davidoff. Su actividad principal eran los negocios relacionados con la chatarra. En el mes de Septiembre de 1979 firmó en Londres un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo, adquiriendo las instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias, a un valor inferior a los u$s 200.000.
Para desmantelar las instalaciones era necesario transportar a las islas personal y equipos. Davidoff gestionó en la Embajada Británica en Buenos Aires el servicio del buque antártico HMS Endurance, de la armada británica. Pero su pedido fue denegado y, seguidamente, la Armada Argentina se pone a su disposición para llevar a cabo la tarea.
El incidente comenzó formalmente cuando Davidoff dejó Buenos Aires en el rompehielos Almirante Irizar que había contratado y arribó a Leith el 20 de diciembre de 1981. Habiendo informado a la embajada británica en Buenos Aires de sus intenciones, viajó directamente a Leith sin detenerse en Grytviken para obtener permiso, probablemente ignorando el requisito de hacerlo y luego regresó a Argentina.
El Gobernador Hunt de las Islas Malvinas aparentemente se enteró de la visita por informes de que el rompehielos Almirante Irizar se encontraba en Stromness Bay y por informes de gente de Grytviken de que alguien había estado en Leith. Parece probable que la embajada británica en Buenos Aires no informara a Hunt. Hunt presionó solicitando un accionar contra Davidoff por haber éste desconocido las normas.
El embajador británico protestó al Gobierno argentino por este incidente el 3 de febrero, advirtiendo que esto no debía repetirse. La protesta fue rechazada el 18 de febrero.
Davidoff se disculpó en la embajada británica por las dificultades que había causado y solicitó directivas detalladas sobre la manera adecuada de regresar a Georgias del Sur a desmantelar las instalaciones. La embajada preguntó al Gobernador Hunt. Este no respondió hasta después de la partida de Davidoff el 11 de marzo, luego de notificar formalmente en la embajada británica que 41 personas estaban embarcadas en el Bahía Buen Suceso, un buque argentino de aprovisionamiento antártico. Todo lo concerniente le debió haber sido informado antes del desembarco en Leith el 19 de marzo, dejando una vez más de lado a Grytviken. En este desembarco se produce el hecho que se utilizó como desencadenante del conflicto, y por el cual las autoridades británicas acusaron formalmente a los argentinos: el izado de una bandera argentina.
Al desembarcar los argentinos, las autoridades británicas en Grytviken notificaron al Gobernador de Malvinas Rex Hunt sobre una bandera argentina izada. El Foreign Office ordenó el envío del navío Endurance con el objeto de obligar a los operarios a arrear la bandera y evitar además el supuesto desembarco de personal militar y armas de fuego.
La guerra estaba por comenzar...
LA OCUPACIÓN MILITAR DE LAS MALVINAS
Durante la noche del 1° de abril de 1982 y la madrugada del viernes 2, parte de la flota argentina de mar operaba frente a las Islas Malvinas. Entretanto, la reducida dotación de infantes de marina británicos destacada en la capital malvinense (entonces Puerto Stanley) se desplegaba en actitud defensiva.
Esa misma noche se reunía el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a pedido del Reino Unido de Gran Bretaña, que denunció "la inminente amenaza de invasión argentina a las islas". La reacción argentina fue inmediata. Nuestro embajador ante las Naciones Unidas denunció, en dicho Consejo, la situación de grave tensión provocada arbitrariamente por aquel país en las Georgias.
A las 6:30 de la mañana del viernes 2, mediante un operativo combinado de las tres fuerzas, la Argentina logró desembarcar en Puerto Stanley y ocupar las islas, luego de algunos enfrentamientos en diversos lugares de las mismas, que culminaron con la rendición del gobernador británico ante el contralmirante Carlos Busser al mando de las fuerzas nacionales de Infantería de Marina, que fueron las primeras en desembarcar. Al mismo tiempo, el general Osvaldo J. García fue designado comandante de las Fuerzas Armadas en el teatro de operaciones.
Al día siguiente de la ocupación era designado gobernador de las Malvinas el general Mario Benjamín Menéndez, pasando a ser el segundo gobernador argentino del Archipiélago. El primero fue Luis Vernet, designado en 1982 por Martín Rodríguez.
El 3 de abril se reunió, a pedido de Gran Bretaña, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y dictó la Resolución 502 "exigiendo el retiro de las fuerzas argentinas de las Islas del Atlántico Sur". Votaron los 16 miembros del Consejo. El único país que lo hizo en contra del proyecto británico fue Panamá. Se abstuvieron China, España, Polonia y la Unión Soviética.
El 26 de mayo se reunió nuevamente el Consejo de Seguridad, aprobando la Resolución 505, por la que reafirma la anterior (502), instando a las partes en conflicto a cooperar plenamente con el Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez De Cuellar, en sus esfuerzos por poner fin a las hostilidades.
Entretanto -mientras se desarrollaban esas gestiones de pacificación, a las que se sumó el gobierno de los Estados Unidos- el gobierno británico alistaba gran parte de su poderosa flota de guerra y la desplazaba a toda máquina, rumbo al teatro de operaciones.
Simultáneamente, tanto el gobierno inglés como los países de la Comunidad Económica Europea disponían drásticas sanciones económicas y financieras contra la Argentina.
El 28 de mayo se reunieron en la sede de la OEA (Washington) los cancilleres de los 21 países miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y adoptaron una resolución por 17 votos a favor y 4 abstenciones (Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad-Tobago) "condenando el ataque británico a la Argentina y solicitando a los Estados Unidos que cese su asistencia militar al Reino Unido". A la vez, autorizó a los países latinoamericanos a ayudar a la Argentina en la emergencia; es decir, dejando la puerta abierta a una posible acción colectiva, o aislada, contra Gran Bretaña. Esto no se llegó a concretar más allá de generalizadas expresiones de encendida solidaridad y apoyo diplomático, incluyendo, en algunos casos, ofrecimientos de eventual ayuda militar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


