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sábado, 12 de junio de 2010

Homenaje a los héroes de Darwin


El dia 28 de Mayo se celebró un acto con motivo de la batalla de puerto Darwin, donde los Clubes Argentinos de Servicio, entidad patriótica y de bién público fundada en 1982 como consecuencia de la guerra de Malvinas, colocaron una placa homenaje a los Héroes de Malvinas en el monumento que se encuentra frente al Comando del Tercer Cuerpo de Ejército.

En el citado acto estuvieron presentes los Veteranos de Guerra, la Sra. Isalbel Lopez Vda. de CARRASCULL madre del soldado Fabricio E. Carrascull caído en combate, el Comandante del III Cpo. General Pedro Artuso, la presidente de los C.A.S Dra. Nilda Possi, escuelas, público en General etc.

Y EN LA LOCALIDAD DE HERNANDO
Como todos los años se llevo a cabo el Reconocimiento a los Soldados Caidos en Malvinas de nuestra localidad.

jueves, 28 de mayo de 2009

DIA DE RECORDACION ESPECIAL DE LOS CAIDOS EN MALVINAS

Día 28 de Mayo: Día en que se recuerda a los Héroes Nacionales, aquellos que dieron sus vidas por la lucha en Malvinas, en este día se realiza por parte de autoridades municipales entregas florales en el monumento, como así también, por Decreto Municipal en los colegios es día de Recordación Especial, en las cuales se dictan clases alusivas y recordando a nuestros dos jovenes Heroes.-

jueves, 9 de abril de 2009

Una historia de la guerra con Gran Bretaña




Después de 27 años tiene las fotos de su hijo, héroe de MalvinasUn ex combatiente de Villa María viajó a las islas y un kelper le entregó fotos que habían sido sacadas por otro soldado antes de morir. Ese soldado había sido su amigo, y ahora los recuerdos están en Hernando.
Miguel DuránDe nuestra Redacciónmailto:Redacciónmduran@lavozdelinterior.com.ar
"Murió el teniente (Roberto Estévez), murió el cabo Castro y el cabo Godoy. Me hice cargo de la Sección, necesito órdenes, qué debo hacer”, reclamó por radio durante el fragor del combate. Quien había asumido el mando era el soldado Fabricio Edgar Carrascull, de Hernando, provincia de Córdoba. Tenía sólo 18 años. Amaba la música y era un tipo muy alegre. El 28 de mayo de 1982, la metralla enemiga terminó con su corta existencia. En uno de los bolsillos del pantalón de combate tenía una pequeña máquina fotográfica. En el otro, dos rollos completos. Su cuerpo y el de otros compañeros, entre ellos el de su amigo Horacio Giraudo (también de Hernando) quedaron a la intemperie durante ocho días. Cuando el subteniente Gómez Centurión empezó a cavar la enorme zanja para sepultar a los muertos, la cámara y los rollos no estaban. Uno de los militares ingleses se los había llevado. Vaya a saber si como botín de guerra, o de recuerdo.
Transcurrieron 27 años. Ayer, esas fotos (en realidad fotocopias color) estaban sobre una mesa entreveradas con otros recuerdos y documentación reunida por una madre que quiso saber cómo había muerto su único hijo varón. Se llama Isabel Esther López, pero en el pueblo todos la conocen como “Ucha” Carrascull. La casa de calle 9 de Julio 125 tiene una calidez especial. Será quizá porque “Ucha” tuvo que dejar de lado odios y rencores porque debía tener “la mente fría” para su empecinada investigación que la llevó a conocer el lugar exacto donde Fabricio cayó muerto. Estuvo dos veces en Malvinas y cuando llegó la primera vez no hicieron falta guías ni mapas. A través de fotografías y explicaciones precisas de un sobreviviente llegó a la trinchera y después al cementerio. Durante casi dos horas, “Ucha” habla y cuenta la historia de Fabricio, mientras muestra la foto del muchacho rubio. “Esta es en su baile de egresados. Fue el 30 de noviembre de 1981. El 29 de diciembre cumplió los 18 y el 2 de febrero lo incorporaron al Regimiento 25 de Sarmiento, en Chubut. Tuvieron 20 días de instrucción, nada más, y los mandaron a la guerra”, dice, mientras enciende un Benson. Aspira el humo y muestra la foto en la que Fabricio está comulgando en el acto de jura de la Bandera. “Es la primera vez, después del general Manuel Belgrano que hubo una jura en un campo de batalla”, destaca con orgullo. “Ucha” recién se enteró de la terrible pérdida 42 días después. “Mire, esto es lo que recibí (enseña un papel que en sólo cinco líneas informa que Fabricio murió y fue sepultado en Malvinas) y ni siquiera vino un militar a entregármelo, mandaron a un civil, fue mi cuñado el que me lo trajo. Se lo dieron en la Fábrica Militar donde trabajaba.
Después lo vi al general (Luciano Benjamín) Menéndez y cuando le pregunté por qué no me lo había comunicado personal militar, me respondió: ‘No se lo trajeron porque no tuvieron coraje’”.
Las fotos.
La ultima vez que la madre vio a su hijo fue el 2 de febrero de 1982, día de su incorporación; Joaquín Nelson Carrascull, el padre, pudo verlo un mes más tarde. “Un cuñado mío tiene la concesionaria Ford y había vendido tres camionetas a gente de Chubut. Le dijo que manejara una y aprovechara para verlo a Fabricio. Se llevó una camarita para sacar algunas fotos. Trajo varias pero la máquina con varios rollos se la dejó al chico. Ni se imaginaba que iba a haber una guerra”, explica la mujer mientras levanta con sus manos un grueso libro de tapas rojas. La obra 20 años 20 héroes fue editada por el Ejército al cumplirse dos décadas del desembarco en Malvinas. Muchas de sus páginas están dedicadas a Fabricio Edgar Carrascull, uno de esos 20 héroes. Al lado, una caja de vidrio protege una encomienda. Era la segunda que Luis González envió al soldado de Hernando. Meses después de que concluyera la guerra, el paquete con revistas, cigarrillos, galletitas, crema para manos, lapiceras y papel volvió a manos de González, quien se lo entregó a la madre. La mujer tuvo detalles de la muerte de su hijo a través de Eric Langer, inseparable amigo de Fabricio y de Horacio Giraudo, el otro joven de Hernando que quedó sepultado en las islas.


“La historia es increíble, Eric viajó en marzo a Malvinas junto con otros veteranos y sus familias. Allá querían alquilar un jeep y no podían conseguirlo porque hubo argentinos que habían volcado esos vehículos porque no estaban acostumbrados a manejar con el volante a la derecha. Preguntando, preguntando, encontraron a Robert, un muchacho chileno que trabajaba en una agencia de alquiler de autos. A través de una traductora, se comunicaron con el kelper, que finalmente les alquiló un jeep. Eric llevaba un pasamontañas como el que tenía puesto en la guerra y el kelper lo miraba raro”, relata “Ucha”, que hace una pausa para apagar el pucho y ofrecer gaseosas frías y café a los periodistas.
Uno de los acompañantes de Eric advirtió que el kelper se ponía muy nervioso. El inglés rompió en llanto y Eric quedó paralizado cuando de un cajón sacó una fotocopia color suya vestido de combate y con el pasamontañas puesto. Esa foto se la había sacado Fabricio. El hombre sacó otras fotos y cuando le pidieron explicaciones sobre cómo las había obtenido, a través de la traductora, contó que al cumplirse los 25 años de la guerra muchos militares ingleses fueron a Malvinas a recordar ese aniversario. Un ex militar británico que en aquella oportunidad fue a alquilar un jeep le dejó las fotocopias color al kelper y le dijo: “Cuando venga algún argentino dáselas”. Por vaya a saber qué designio, ese argentino fue Eric, el gran amigo de Fabricio.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cuando la ficción supera la realidad..

“AQUÍ SEGUIREMOS RECIBIENDO MENSAJES DE FABRICIO” DIJO UCHA CARRASCULL

En la mañana de este martes dialogamos con la madre del soldado Fabricio Carrascull, caído en combate el 28 de mayo de 1982 en la Guerra de Malvinas. Ella recibió días atrás, de manos de Eric Langer -ex combatiente de Villa María-, copias de fotografías sacadas con la máquina propiedad de su hijo. Según pudimos saber esa máquina fotográfica quedó en manos del héroe hernandense el 19 de marzo de 1982 cuando su padre se la entregó en una visita al regimiento donde cumplía con el servicio militar. “Ese día mi esposo quiso saludar a todos los soldados de Hernando pero sólo dejaron salir a Horacio Giraudo, a Fabricio y Langer se coló porque eran muy amigos entre ellos”. El padre de Carrascull le sacó varias fotos, muchas de las recuperadas en esta ocasión, y le dejó la cámara con la cual el extinto combatiente sacó otras en el regimiento y en tierra malvinense. En una carta escrita por el soldado desde las islas pedía a su madre que le mandara más rollos y le contaba que mientras tanto el teniente le había dado uno para que pudiera seguir tomando imágenes. “Ucha” cree que esas fotos pueden estar relacionadas con la gesta en sí y por eso están en manos de los ingleses. “Después de una guerra nunca esperas que te devuelvan fotos de la máquina de tu hijo, me impactan aquellas en las que él está pero también aquellas que él sacó. Langer me dijo que él me sigue enviando mensajes y por eso desde aquí seguiremos recibiendo los mensajes de Fabricio” finalizó diciendo la madre del soldado hernandense caído en la gesta, a quien puede escuchar haciendo click en el parlante junto al relato de Eric Langer, en diálogo con RH1 "La Radio". En la primera foto aparece Fabricio Carrascull clavando un poste en tierra malvinense, en la segunda ambos soldados hernandenses caídos en combate con Eric Langer al medio y en la tercera una sección de la compañía denominada “Bote”. En la ampliación todos los detalles que publicó en su edición del sábado el Semanario “El Regional” de Villa María.
UN SOLDADO INGLÉS DEVOLVIÓ LAS FOTOS QUE FABRICIO CARRASCULL SACÓ ANTES DE SU MUERTE EN MALVINAS
Erick Langer, ex combatiente de Malvinas en la guerra de 1982 y domiciliado en Villa María fue protagonista de una historia muy particular. En el mes de marzo de este año junto a su esposa y un grupo de ex combatientes volvió a pisar territorio malvinense. Si bien algo adentro suyo le decía desde hacía mucho tiempo que tenía que volver a las islas, nunca se iba a imaginar la sorpresa que le tenía preparada el destino. Al devolver un auto que había alquilado en las islas, el propietario de la empresa de servicios lo reconoció como parte de una serie de fotografías que tiempo atrás le había dejado un ex soldado británico para que las entregara al primer ex combatiente argentino con el que tuviera oportunidad de hablar. La sorpresa no termina ahí: esas fotografías fueron tomadas con la cámara que siempre llevaba consigo el soldado hernandense Fabricio Carrascull, de Hernando, fallecido en combate en el mes de mayo de 1982. Esas fotos -en realidad fotocopias de las originales que supuestamente tiene un soldado inglés que no dejó sus datos al comerciante- fueron entregadas por Langer a “Ucha” Carrascull, la mamá de Fabricio. Una historia de casualidades y encuentros que pone la piel de gallina.

Eric Langer y las fotos…
Malvinas, cuando la realidad supera la ficción
Eric Langer (47), villamariense es uno de los soldados que por el ´82 debió pisar suelo malvinense y supo de la muerte picoteándole las manos. Otros tuvieron menos suerte. El Veterano de la guerra le cuenta a EL REGIONAL una vivencia tan conmovedora como poco explicable desde lo estrictamente racional. ¿Casualidad? ¿Causalidad? Lo cierto es que después de más de 27 años decide regresar a esas islas del Atlántico Sur. El viaje tuvo lugar en el curso del pasado mes, y lo realizó en la compañía de otros veteranos. En su estadía en Las Malvinas, un inglés del lugar lo observó tan atentamente como nervioso. Un día antes de volver a trepar al avión, el isleño se acerca y comienza a temblar y llorar. En su escritorio había varias fotos de soldados argentinos… Ni Eric ni quienes lo acompañaron podían creer lo que estaban vivenciando… la realidad superaba la ficción. En casi todas estaba Eric… El habitante de las islas lo había conocido.
Por: Miguel Andreis

Las cartas con las huellas del barro y las pisadas de las botas
Eric narra cómo en el 2002, año en que inauguraron el monumento a los Veteranos de Malvinas, recibiera (25 años después) cartas que les habían sido enviadas durante la gesta. En su caso eran tres. Un periodista inglés que vive en Buenos Aires, en un viaje a las islas llevó varias que habían sido recuperadas por soldados de la Gran Bretaña. Se trataba de documentos de profundos afectos. Jamás pensé que podría recuperarlas.
“El hecho fue que estábamos en Ganso Verde, y en la noche del 27 de mayo nos dicen ‘tomen todas la municiones y la bolsa del rancho que nos vamos al frente’. Y entre las cosas que dejé en el lugar, estaban los escritos. Ignorábamos que nunca más volveríamos al lugar. Posteriormente nos trasladan a la batalla de Darwin, contienda del 28 de mayo a la madrugada donde mueren los chicos de Hernando, Fabricio Carrascull y Horacio Giraudo; también el teniente Roberto Estévez; Arnaldo Zabala que era de Sampacho y los cabos Castro y Godoy. Darwin fue el primer punto de luchas entre tropas. Hasta ese momento todo eran bombardeos de un lado y de otro...”.

14 de Marzo de 2009. Más de treinta ex combatientes se embarcan hacia las islas
“El sábado 14 de marzo pasado viajamos a Las Malvinas, con mi esposa, dos veteranos: Walter Balcés y Guillermo Gutiérrez; 9 compañeros de La Plata y 21 de Luján. Nunca más había llegado una delegación tan numerosa a esa geografía. Vía la empresa Lan Chile cubrimos Buenos Aires - Río Gallego, y desde ese aeropuerto a Las Malvinas. Arribamos y nos alojamos en un hostal. Era encontrarse con una porción de la historia de cada uno, extremadamente dura emocionalmente. Demasiadas muertes para dejar que te ganara la indiferencia…”.

¿Situación chocante?
“Pensaba qué iba a sentir cuando llegara. Sabía que no sería fácil. La verdad es que descendí tranquilo. Comenzamos a recorrer a pie puntos claves como el Puerto Argentino, el aeropuerto, el cuartel de los Royal Marine… A cada paso se reflejaba una situación extraña. El lunes salimos a alquilar un vehículo para visitar otras zonas más alejadas. No fue simple encontrar quien nos arrendara. Todo parecía enredarse, a complicarse…”.
“El martes fuimos a Ganso Verde. Al llegar al cementerio lloré mucho. Eso te parte al medio. Todavía quedan 110 campos minados en las que no se puede ingresar. Están todos marcados. A cada instante aparece algún resto de lo que fue aquello…”.

El isleño que faltó…
“Teóricamente nos íbamos a encontrar con un isleño inglés que nos serviría de conexión y por problemas de trabajo no pudo concurrir. Se supone que alquilar un rodado no es nada complicado, sólo que allí no es fácil manejar porque el volante está a la derecha y se circula por la izquierda. Por motivos diversos no dábamos con quienes alquilaban. Recorrimos las oficinas de información. El trato para con nosotros era amable. Al menos no hostil. Nos indican que fuéramos a la Falkland Company. Estaba cerrada. Por lo que decidimos llegarnos caminando hasta el museo; pasando por el hospital vemos que un muchacho joven se baja de un Jeep. Walter y Guillermo le preguntan dónde podíamos rentar una unidad y él nos responde en castellano, era chileno, de nombre Robert. Y como si eso fuera poco en el factor suerte, nos dice que donde trabajaba, alquilaban. Le indicamos que habíamos estado allí. Nos replica sobre el horario y cuenta que había cierta reticencia porque anteriormente unos argentinos les tumbaron dos unidades de Orland Rover. Muy atenta, esta persona nos acerca hasta la citada compañía. En ese lugar había un isleño de 37 años que atendía, el chileno le explica lo que buscábamos. Es entonces cuando el nativo le indica al chileno que nos pregunte dónde estuvimos en el ´82. Le explicamos que Guillermo en el Aeropuerto; Walter en el centro de comunicaciones, y yo en Ganso Verde (Green Goose). Y él cuenta que él también estuvo allí, por entonces tenía 12 años y había sido tomado prisionero junto a su familia por las fuerzas argentinas. Llamó la atención su actitud después de nombrarle Ganso Verde. Es como que no pudo ocultar su nerviosismo. Nos pide que volviéramos a las 3 de la tarde que acondicionaría la unidad. Así fue.
Lo usamos durante cuatro días. Dos días antes de regresar al territorio argentino, lo vamos a devolver. Walter es quien ingresa primero y yo me quedo con mi señora retratando imágenes. Al entrar a la oficina veo que Walter estaba con el isleño inglés que le mostraba unas cosas depositadas sobre el escritorio. Me llama mi amigo, cuando me acerco veo varias fotografías de soldados, pero la sorpresa crece al momento de verme que estoy en casi todas las fotografías. No podía creer lo que estaba pasando. Después lo supimos, increíblemente, quizás por la cantidad de veces que las repasó, el isleño (Jhon) cuando me vio por primera vez descubrió que yo era el de las fotos. Por eso lo de sus nervios. Sorprendido y señalándole las imágenes le digo ‘soy yo’, y me responde que sí. Llama a una chica que nos había oficiado de intérprete con la que ya habíamos tenido contacto antes. Cuando llega ella, el joven empieza a temblar y rompe en llanto. Y ahí lloramos todos.
Ya un poco más tranquilo nos cuenta que dos años antes llegaron dos veteranos ingleses al cumplirse los 25 años de la recuperación de la isla. Uno de ellos, que estuvo en Ganso Verde, trajo esas fotografías, (en realidad fotocopias de las mismas) y se las entregó. El tema es que esas fotos las había tomado Fabricio Carrascull, el compañero de Hernando, que antes de embarcarnos, estando en territorio argentino, su padre nos sacó varias, y le dejó la máquina con dos rollos. Y él ´gatillaba´ la máquina a todos los compañeros, al pelotón, varias a mí. Siempre andaba con la cámara encima. El día del enfrentamiento (28 de mayo en Darwin), cuando lo matan, llevaba la máquina con los rollos en su bombacha de combate. Se ve que posteriormente algún soldado inglés al revisarle sus pertenencias se llevó los negativos…”.
No podía dormirme…
“Desde que regresamos, siempre me daba vuelta entre los pensamientos que algún día esas fotos tendrían que aparecer. Yo sabía que existían. Frecuentemente entraba a los sitios de Internet con la esperanza de encontrarme con ellas. Jamás imaginé que muchos años después, los enemigos de aquel momento, decidieron llevar las fotocopias a la isla y dejarlas por si aparecía alguien que tuviera relación con las mismas. Pasaron 25 años y una suma de casualidades o causalidades, ya no sé cómo explicarlo, pero lo cierto es que rescatamos parte de ellas. Le pregunté al isleño si conocía algo sobre el inglés que las trajo. No, ni el más mínimo dato. Nos fuimos al hotel, me acosté pero no podía estar en la cama. Menos dormir. Mi señora nos dice que salgamos a dar una vuelta. Allí no se ve a nadie en las calles. El frío y el viento son terribles. Íbamos caminando y sí, quien estaba parado en una puerta, era el inglés. Volvimos a charlar, pero tenía como miedo de que lo vieran conmigo. Me dijo algo sobre el hotel donde parábamos, pero no le entendí. La conmoción no se desvanecía. Esa noche estábamos con el grupo de veteranos jugando al pool y llega él con un sobre. Traía más fotos. Llegó la traductora y comenzamos a hablar con mayor tranquilidad. Le pedí perdón por todo lo que había pasado y me respondió que no tenían nada que perdonarnos, que no era culpa nuestra, que nos había enviado el Gobierno…Y contó que por entonces él, siendo un chico, se movilizaba con su padre y cuando entraron en Ganso Verde, desembarcaron las tropas argentinas. Que se demoró en atarse los cordones de los zapatos y alguien le pegó un culatazo, además gente del Ejército le simularon un fusilamiento; que los tuvieron encerrados durante un mes con muy mala y poca comida, siempre con la misma ropa. Mal agua. Con diarrea. Pienso que siempre hablamos de lo que nos pasó a nosotros pero no lo que les pasó a ellos” remarca Eric.
Cuesta creer que todo se trate del producto de la casualidad. No me lo sé explicar. “Ahora estoy seguro de que algún día me voy a encontrar con el soldado inglés que envió las fotos. Tiene que tener las restantes. En total serían 48. Me encantaría agradecerle el gesto personalmente. Por el momento, no tenemos ni el más mínimo hilo conductor, pero después de esto, sé que todo lo imposible puede hacerse posible”.
Un 2 de Abril diferente
Eric muestra las fotos. No les que quita la vista de encima. Allí están los rostros sonrientes de varios compañeros que llegaron a un suelo inhóspito acunados bajo el sueño de un delirante que más tarde se convirtió en pesadilla. En esas heladas aguas quedaron más de quinientas vidas de jóvenes; casi seiscientas se apagaron después en suicidios de argentinos que allí estuvieron; mientras que cerca de trescientos corrieron igual suerte entre los ingleses.
El objetivo ahora es encontrar aquel inglés que tiraba desde el otro lado de la trinchera… Eric y algunas familias más, después de muchos años tuvieron un 2 de Abril diferente.
Publicado en RH1 Radio Integración
Hernando.cba

viernes, 2 de enero de 2009

QUIENES SON VERDADEROS EX COMBATIENTES DE MALVINAS

"Ex Combatiente de Malvinas" es todo el personal de oficiales, suboficiales y soldados conscriptos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que hayan participado en las acciones bélicas llevadas a cabo en la jurisdicción del TOM (Teatro de Operaciones Malvinas) y directamente en la jurisdicción del TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur).
Cabe aclarar que el personal que sólo permaneció en el territorio continental durante la guerra de 1982, no estuvo ni en el TOM ni en el TOAS, y para la legislación no es Ex Combatiente de Malvinas; aunque haya sido movilizado y/o convocado al sur del paralelo 42 es decir al TOS - Teatro de Operaciones Sur.
Descripción e Introducción a creación, fines, propósitos y objetivos de los Teatros de Operaciones
TOM - Teatro de Operaciones Malvinas: Jurisdicción: Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur.
TOAS - Teatro de Operaciones del Atlántico Sur: Jurisdicción: Plataforma Continental, Islas Malvinas, Georgias, Sándwich del Sur y el espacio aéreo y submarino correspondiente.
TOS - Teatro de Operaciones Sur: Jurisdicción: Territorio continental al sur del paralelo 42.

Detalles gráficos de las jurisdicciones
Teatro de Operaciones Malvinas (TOM)
El Teatro de Operaciones Malvinas (TOM) se creo como comando estratégico operacional para la recuperación de las Islas Malvinas a partir del día 2 de abril de 1982 y su Comandante era el General Osvaldo Jorge García.Concretada la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, el Comando Militar dispuso la desafectación del Teatro de Operaciones Malvinas, la transferencia de su responsabilidad al Teatro de Operaciones Atlántico Sur y la extensión de su jurisdicción a los espacios marítimos y aéreos correspondientes, para garantizar la defensa de todo el litoral Atlántico.
Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS)
El día 07 de Abril se desactivó el Teatro de Operaciones Malvinas y se creó el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) como comando estratégico operacional para la defensa y permaneció con esta denominación hasta la rendición del 14 de junio de 1982, el Comandante del Teatro de Operaciones Malvinas General Osvaldo Jorge García, fue relevado de sus funciones de Gobernador Militar por el General Mario Benjamín Menéndez, y en sus responsabilidades militares por el Vicealmirante Juan José Lombardo, designado Comandante del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur. El General Osvaldo Jorge García se reintegró luego a su Comando del Quinto Cuerpo de Ejército, trasladándose a Comodoro Rivadavia para desempeñarse como Comandante del Teatro de Operaciones Sur (TOS).
Teatro de Operaciones Sur (TOS)
Comisión de Trabajo designada por la Junta Militar para "analizar la previsión del empleo del Poder Militar para el caso Malvinas, con un enfoque político militar que especificara los posibles modos de acción", señaló en sus documentos la necesidad de considerar la posible participación de Chile en el conflicto.El Comando Militar ordenó al Estado Mayor Conjunto que completase un Plan de Campaña, contemplando, en todos los casos, la posible reacción de Gran Bretaña, con intervención o no de Chile.La capacidad británica más peligrosa enunciada por el Estado Mayor Conjunto expresaba: "que Inglaterra intente la recuperación de las Islas mediante el empleo de una Fuerza de Tareas Naval coordinada y simultáneamente con el ataque por parte de Chile en el Teatro de Operaciones Sur (TOS).Chile ejecutó un despliegue en su zona Sur (coincidente con nuestro TOS), reforzando sus efectivos.Los movimientos de efectivos de las FF.AA. de Chile en el Sur afectaron el despliegue de parte de nuestras fuerzas en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (En la asignación de refuerzos de Ejército a las Islas Malvinas se asignó prioridad al dispositivo contra Chile, no enviándose por tal motivo los efectivos de las Brigadas I M VI y VIII).La III Brigada de Infantería se desplazó desde la Provincia de Corrientes, para integrar la organización del Teatro de Operaciones Sur (TOS), en previsión del conflicto austral.En la tercera semana de abril mientras organizaba la posición asignada por el General Osvaldo Jorge García Comandante del Teatro de Operaciones Sur, convoco al General Parada (Comandante de la III Brigada de Infantería con asiento en la ciudad de Curuzú Cuatiá en la Provincia de Corrientes) a la Ciudad de Comodoro Rivadavia, donde recibió la orden de trasladar la Brigada de Infantería III a Malvinas, pasando esta a integrar la organización del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) con parte del personal.
Más información la encontrará en: Informe de la comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades políticas y estratégico militares en el conflicto del Atlántico Sur
Cambio de denominación de Ex Combatientes de Malvinas a Veteranos de Guerra – propósitos y objetivos
Introducción a la guerra y consecuencias sobre los argentinos que combatieron en Malvinas
La Guerra duró 74 días de los cuales hubo 33 días de combate, el conflicto costó la vida de 654 argentinos.Los combates terrestres fueron sangrientos hasta terminar en lucha cuerpo a cuerpo con bayoneta calada.La mayoría de las bajas Argentinas se produjeron por acción de la artillería británica y el cañoneo naval.Las tropas argentinas han legado a recibir 1000 disparos por hora procedente de 54 bocas de fuego.En Pradera del Ganso (Ganso Verde) la batalla dura más de 40 horas.Monte Longdon cayó en manos británicas después de 10 horas de combate.Según el Mayor José Yofre oficial del Ejército Argentino, en Puerto Argentino hubo 195 muertes: 1 Oficial cada 2 Suboficiales y cada 9 conscriptos. Falleció el 1,99% de los 9804 soldados asignados en Puerto Argentino.La mayoría de las operaciones militares se llevaron a cabo entre Abril y Junio con fuertes vientos que promediaron los 26 Km/h con bajas temperaturas y una altísima humedad.El 14% de las bajas se debieron al pie de trinchera, con un promedio de 65 días en condiciones adversas. Se presentaron casos de pie de trinchera que requirieron la amputación.Tanto el Ejército como la Infantería de Marina tuvieron casos de malnutrición.El 73% de los 361 pacientes asistidos en el Hospital Militar de Puerto Argentino presentaron lesiones por armas de fuego en sus miembros.El 40 % de la cirugía realizada por los británicos fue efectuada en soldados argentinos.Desde 1982 se han producido más de 400 suicidios de ex combatientes argentinos después que termino la guerra, no hay estadísticas oficiales, pero la realidad es que han muerto muchos mas y no fueron registrado como suicidios, sino como accidentes por que no fueron acompañados por una nota de suicidio. Estudios han comprobado que cada suicidio afecta directamente a 10 persona e indirectamente a unas 50.Un estudio realizado en 1995, reveló que el 58% de los ex combatientes argentinos experimentaron episodios de depresión relacionados con el conflicto y 28% tuvieron ideas de suicidio.
Las siguientes tablas contienen información respecto al número de personas destacadas en la zona de conflicto.
Tabla 1
Personal destacado a las Islas Malvinas (TOM)
Fuerza Tropas Cantidad Referencia
Ejército 10.001 (**)
Armada 1.987 (***) (*)
Fuerza Aérea 430 (***)
Total 12.418 (*) (**) (***)
Fuentes Varias - Cifras a 1983 - (*) Incluido el personal de los Guardacostas de la PNA(**) Informe Oficial del Ejército Argentino - 1983 - Incluido personal de GN(***) Informe del Gral. de Brigada Teófilo Goyret - 1983

Tabla 2
"La Tabla 2 contiene información proporcionada por el Ministerio de Defensa en el año 1983, suma a la Tabla 1 combatientes de la Prefectura Naval, Gendarmería Nacional y buques que participaron directamente del conflicto, como el Crucero ARA General Belgrano"
Personal destacado al TOAS
Fuerza tropas Cantidad
Ejército 10.001
Armada 6.550
Fuerza Aérea 413
Total 16.964
Fuente: Ministerio de DefensaDatos al 30/08/83 - Incluido el personal de PNA y GN

domingo, 6 de enero de 2008

PRADERA DEL GANSO - LOS BRAVOS DEL 25




Honrando el valor de los bravos del 25



Por el Suboficial Principal VGM Jorge Alberto Pacheco



El objetivo de este artículo es exponer la intervención de la 2da Sección "ROMEO" de la Ca I “C” del RI 25 en la batalla de Pradera del Ganso (Goose Green), acontecimiento que viví muy de cerca y que me marcó para siempre como ser humano y soldado. Pretendo, también, que esta descripción histórica constituya un póstumo reconocimiento a aquellos doce héroes de esta unidad, quienes dieron sus vidas en favor del cumplimiento del sagrado deber militar.En el año 1982, me hallaba destinado -con el grado de cabo- en el Regimiento de Infantería 25 (RI 25), como jefe del segundo grupo de tiradores, integrando la primera sección de la Compañía de Infantería (Ca I) "B". El 26 de marzo, como primer paso a la realización de un ejercicio de combate en la zona de responsabilidad de la unidad (sin saberlo se estaba poniendo en práctica el plan de velo y engaño previsto para encubrir una misión real), se creó la Ca I “C”, cuyo jefe era el Teniente Primero Daniel Esteban. Esta Ca estaba compuesta por la 1ra Sección "BOTE” al mando del Teniente Roberto Estévez, la 2da Sección "ROMEO" a cargo del Subteniente Juan José Gómez Centurión (mi rol de combate en esta sección fue el de jefe del segundo grupo), mientras que la 3ra Sección "GATO” estaba a órdenes del Subteniente Roberto Oscar Reyes. La Ca I “C'' ejecutó las más diversas y variadas misiones, ya en forma conjunta o con las secciones segregadas. Todo comenzó con el desembarco del 2 de abril, honor que le correspondió a la Ca I “C” y a elementos del BIM 2. Se continuó, entonces, con la ocupación de la zona de Darwin y Pradera del Ganso. Luego se produjo el combate en el Estrecho de San Carlos, para dar el alerta temprana. Se contó, entonces, con acciones heroicas, teniendo en cuenta la inferioridad de los medios. Allí, en San Carlos, se encontraban el Puesto Comando de la Ca I “C” (Tte 1ro Esteban), la Sec GATO (Subt Reyes) y la Sec Pes (-) del RI 12 (Subt Vázquez).LOS HECHOSEl 26 de mayo ya ocupábamos nuestras nuevas posiciones: el puente de Bodie Creek, situado a unos 4.000 metros del caserío de Pradera del Ganso. Para entonces, la sección "ROMEO" estaba sin el jefe del tercer grupo, por cuanto éste había sido evacuado, como resultado de una herida de bala recibida con posterioridad a una incursión aérea enemiga.En consecuencia, debió hacerse cargo del mismo, el encargado de la sección. En este punto, digamos que el Cabo Miguel Ávila (jefe del grupo apoyo de la mencionada sección), ya había sido agregado a la sección del Teniente Estévez. En la noche del día 27, comenzó el bombardeo naval inglés sobre las posiciones situadas más allá del establecimiento Darwin y Boca House. Un nutrido fuego de armas automáticas, delatado por el sonido y el resplandor de la abundante munición trazante utilizada, indicaba que en ese sector se estaba concretando un fuerte ataque enemigo.En el sector Sur, nuestra fracción esperaba. En medio de una creciente impaciencia, el jefe de sección decidió aguardar un tiempo prudencial y, de no recibir ninguna orden del comando de la Fuerza de Tareas “MERCEDES”, tomaría la decisión de marchar hasta Pradera del Ganso. Como no tuvo ningún tipo de comunicación, con las primeras luces del día 28, nos replegamos hasta aquel caserío que, a la sazón, era la retaguardia de combate. Dejamos nuestros bolsones, llevando el equipo aligerado y toda la munición que disponíamos, distribuida en nuestros porta cargadores y bolsas de rancho.Comenzamos, entonces, una extenuante marcha hacia el poblado, según el ritmo que nos permitía el estado del terreno. Con el barro hasta las rodillas, el desplazamiento constituyó una verdadera proeza. En el avance, nos encontramos con un espectáculo difícil de describir: soldados perturbados, con heridas sangrantes o crisis nerviosas, confundían más el ya inquietante amanecer. El cansancio, el dolor y la desesperación parecían juntarse y multiplicarse.Cuando arribamos al lugar, el Subteniente Gómez Centurión se dirigió al puesto comando. Allí le informaron que el Teniente Estévez había sido muerto en el combate de Darwin, ocurrido esa misma madrugada. Su muerte se unía a la de los Cabos Ávila y Mario Castro, y a la de los soldados Fabricio Carrascul, Arnaldo Zavala y Horacio Giraudo. Al Subteniente Gómez Centurión le ordenaron esperar y preparar la sección para dirigirse al sector de Darwin, ni bien existiera algo más de información sobre la Ca I "A" del RI 12.A media mañana, se decidió lanzar un contraataque, para bloquear una penetración de efectivos enemigos que se habían desplazado por el Este de Monte Darwin, con la aparente intención de atacar la posición por retaguardia. Cuando la sección ya estaba en movimiento, llegó corriendo el Cabo Andrés Fernández, dispuesto a sumarse al combate. Si bien este suboficial estaba destinado en el rancho, Gómez Centurión no tuvo tiempo para negarle su pedido, y el cabo quedó entonces integrado a la fracción.La sección avanzó con la misión de alcanzar las alturas predominantes, por lo que debimos cruzar el puente que se encontraba inmediatamente después de una escuela, que ocupamos hasta el 1º de mayo. Alcanzamos el edificio, pero rápidamente tuvimos que regresar, pues el enemigo ya tenía efectivos adelantados en dichas posiciones. Para el movimiento de ida y vuelta, nuestra formación era de una columna; en la pequeña playa, no había lugar para adoptar otra. Ya para entonces, los equipos aligerados eran una tortura. Tuvimos que deshacernos de ellos, pues con el peso de la munición y las correas gruperas de cuero, que nos cortaban prácticamente la circulación sanguínea de los brazos, dichos equipos constituían una real incomodidad. Los proyectiles de armas automáticas enemigas pasaban por sobre nuestras cabezas e impactaban en el suelo y el agua. Afortunadamente, no tuvimos heridos.Mientras regresábamos a nuestras posiciones iniciales, el jefe de sección ordenó ocuparlas, según este orden: el tercer grupo del Sargento Ismael García, más cerca del improvisado aeródromo, luego yo, con el segundo grupo al centro, y por último, el Cabo Rubén Oviedo con el primer grupo; debíamos tomar contacto con las posiciones lindantes a la población de Pradera del Ganso. Pero el combate se mostró confuso. En consecuencia, debido a la velocidad de marcha que traíamos en el repliegue y al constante fuego enemigo, quedé ubicado en último lugar. Por lo tanto, mis posiciones fueron ocupadas por el primer grupo. Me di cuenta de este involuntario error, y a los gritos se lo hice saber a Oviedo. Pero él me contestó que dejásemos todo así; ya no teníamos tiempo para cambiar de lugar. Dios había dispuesto que sería mi compañero el que ofrecería su sangre.El jefe de sección tomó, por lo tanto, este grupo -que estaba más cerca de él-, y lo adelantó como patrulla en dirección a Darwin. Se divisó entonces, el avance de una fracción enemiga, aproximadamente a 500 ó 600 metros al Norte del lugar alcanzado por nuestra fracción. Estos efectivos avanzaban en columna sobre el camino, advertidos, tal vez, de la posible existencia de un campo minado. Mientras tanto, el Subteniente Gómez Centurión ordenó al tercer grupo, ocupar posiciones sobre el lado derecho del camino. Fue aquí cuando vi por última vez al Sargento García, quien al ser interrogado por mí acerca de dónde se dirigía, con una sonrisa y el brazo levantado me contestó: "Nos vemos Pachequito”. El sabía muy bien de la loable misión que estaba cumpliendo y de su férreo convencimiento de morir por la Patria. Creo, pues, que con ese gesto, se estaba despidiendo de todos nosotros.La sección se reestructuró, para colocarse en forma oblicua al camino; bien oculta, a pesar de las pocas cubiertas que ofrecía el terreno, pero con las ventajas que otorgaban las condiciones climáticas, a partir de la baja visibilidad. En tanto, se esperaba que el enemigo estuviese al alcance de nuestras armas. Cuando se encontraban a unos 150 ó 200 metros, el subteniente ordenó abrir el fuego. Los primeros ingleses que venían en la columna fueron sorprendidos y cayeron heridos o muertos. El resto de la columna tomó posiciones en el lugar. Se trataba de inducirlos a desplegar sobre el campo minado que estaba a ambos costados del camino, pero, a pesar del violento fuego que recibían, no hicieron lo que nosotros esperábamos. Al contrario, algunos se tiraban cuerpo a tierra en el camino, y otros, más temerarios, disparaban desde la posición de pie o rodilla a tierra. Así continuaron, abriendo fuego poco efectivo sobre nuestra fracción.Por un momento, logramos frenarlos. Luego, pasado un tiempo que pareció una eternidad, el subteniente observó que unos soldados británicos levantaban los fusiles y agitaban los cascos, por lo cual ordenó suspender el fuego. Los hombres avanzaron hasta nuestras posiciones, y uno de ellos se apartó del resto para hablar con nuestro jefe de sección, quien también se adelantó, dispuesto a concederles el parlamento que pedían.Pasado el combate posterior a ese parlamento, fue el propio subteniente quien me contó que como joven oficial, se sentía orgulloso de que un jefe inglés quisiera rendírsele, ya que se encontraban en una posición totalmente desfavorable. Sin embargo, eso fue lo que creyó en un principio. Cuando el oficial enemigo le preguntó si entendía inglés, y se dio a conocer como oficial inglés, le dijo que si entregaba el armamento, aseguraba la vida de todos los hombres de la sección. Al principio, no entendió muy bien el concepto, pero cuando reaccionó, le contestó que no hablaría más, y que después de dos minutos volvería a abrir el fuego. Luego, cada cual volvió a sus posiciones. Nadie tiraba. Pero cuando faltaban pocos metros para que el Subteniente Gómez Centurión llegara hasta donde estaba la sección desplegada, una ametralladora comenzó a tirar desde unas elevaciones del lado izquierdo, que originariamente no habían sido ocupadas por el enemigo. Al darse vuelta y observar hacia el lugar de donde provenía el fuego, comprobó que el oficial inglés estaba en posición de tirar, por lo que disparó con su FAL, observando cómo el citado oficial caía mortalmente herido sobre los alambres. Inmediatamente se inició un violento combate. La balanza parecía inclinarse, de repente, a su favor. Hasta unos momentos antes, eran ellos los que sostenían la peor situación; entonces, en esa nueva circunstancia, nos hacían fuego efectivo con ametralladoras, hecho que causaba, entre los nuestros, gran cantidad de bajas.En tales momentos, se pierde la noción del tiempo. Nos olvidamos, por lo tanto, de nuestras necesidades básicas. Se tenía la sensación de que todo transcurría en cámara lenta y no sentíamos, de inmediato, el miedo. La preocupación primordial era sobrevivir.El Subteniente Gómez Centurión y el Soldado José Ortega seguían tirando juntos, contra los paracaidistas británicos. En un momento, el subteniente se corrió hasta la MAG que, accionada por un soldado del RI 12 agregado a la sección, no disparaba por encontrarse trabada. Luego de ponerla otra vez en funcionamiento, y después de decirle al apuntador hacia dónde debía tirar, regresó arrastrándose a su posición, encontrándose con que el Soldado Ortega había sido muerto por un disparo en la cabeza.El Sargento García, junto con los Soldados Ricardo Austin y José Allende, fueron destacados para aproximarse a las ametralladoras inglesas, e intentar silenciarlas con fuego automático de la MAG. Para ello debían cruzar el alambrado que delimitaba el camino a ambos costados. Fue aquí cuando los descubrieron, mientras eran batidos certeramente con fuego de ametralladoras. Los dos soldados murieron en el acto. El sargento, herido, quiso cruzar el alambrado, pero los ingleses nuevamente dispararon sobre él. En ese preciso momento, pasó a la inmortalidad. Unos pocos segundos y su vida quedó tronchada.Cerca de la pista del aeródromo, el Cabo Oviedo, con intenso fuego, trató de llamar la atención del enemigo, para permitir que el resto de los soldados obtuviera una mejor cubierta. Pero fue el caos. El combate se volvió sangriento. Cayeron soldados propios y enemigos, se escucharon gritos, órdenes, explosiones. El volumen de fuego inglés era infernal. Todos trataban de buscar la mejor cubierta, de aferrarse a algo. Cualquier cosa era válida para preservar la vida, para seguir peleando; aun unos cajones vacíos de munición. Oviedo los vio y se dirigió hacia allí, disparando, parapetado cuerpo a tierra tras de ellos. Pero un disparo alcanzó su cuerpo y quedó encogido sobre sí mismo. Murió pocos momentos después. Se fue como él quería: luchando de frente. Ganó, sin duda, la mejor de las muertes para un soldado. Cerca de él, abatido por otros disparos, también había muerto uno de los soldados de su grupo, el Soldado Ramón Cabrera.Empero a pesar de tanto derroche de heroísmo, la posición se hizo insostenible. El subteniente debía ordenar el repliegue hasta las posiciones iniciales. Comenzó el movimiento de la fracción, cuando el jefe de sección se dio cuenta de que el Cabo Fernández caía herido. Inmediatamente, junto con un soldado, concurrió hasta allí para tratar de evacuarlo, ordenando al resto de la sección que se replegara. El suboficial herido era un peso muerto. Lo arrastraban en una forma muy lenta y esto podía ocasionar mayores pérdidas para el resto del personal que los cubría por el fuego. Por ello, el subteniente optó por dejarlo en un lugar, a cubierto, no sin antes prometerle que volvería a buscarlo. Entonces sí, toda la sección se replegó reunida, algunos llevando a los que estaban heridos, y el resto, cubriéndolos.En un momento dado, mi grupo quedó entre dos fuegos. El enemigo seguía tirando sobre nuestras posiciones; detrás de la mía, se hallaba personal del RI 12 que contestaba con ímpetu, sin percatarse, quizás, de que nosotros estábamos ahí. Ya casi no podíamos sacar nuestras cabezas; solamente lo hacíamos en alguna breve pausa del fuego. En una de ellas divisé que, por la playa, un par de hombres venían a la carrera, agitando sus brazos y gritando que eran propia tropa. Resultaron ser el Cabo René Rosales y un soldado de la sección “BOTE”, quienes habían quedado como enlace en la escuela. Después de perder contacto con el resto de sus compañeros, sin saber la suerte que habían corrido todos ellos, se quedaron en ese lugar hasta que pudieron salir sin ser descubiertos por los ingleses, o bien cuando una pausa de fuego se los permitió.Cuando el resto de la sección llegó a la altura en donde se encontraba mi grupo (ya el enemigo no tiraba sobre nosotros), el subteniente me buscó y dijo que García, Oviedo y algunos soldados habían muerto. En la voz, se le notaba mucha rabia y singular congoja. Sé que lamentó mucho la muerte del encargado de la sección, ya que en esos días se habían hecho muy amigos, hasta el extremo que, en algunas ocasiones, dejaban de lado el formalismo y se permitían el tuteo. Por mi parte, la única reacción que tuve fue la de maldecir y pegar un cachetazo en el fusil, cuando la violenta realidad de la pérdida de mi amigo me golpeó en el alma. El que alguna vez haya perdido un amigo y cualquiera haya sido la circunstancia, creo que sabrá comprender lo que ello significa y el dolor que produce.En la sección, se habían producido muchas bajas, por lo que tuve que hacerme cargo de la reunión del resto de los soldados, y sacar novedades de personal y material, mientras el subteniente se encargaba de evacuar a los heridos para que recibieran la atención adecuada. Entre muertos y heridos, el 50% de la sección había quedado fuera de combate.Los disparos se hacían cada vez más esporádicos. La sección ya no tiraba, para ahorrar munición. Además, desde donde estábamos, ya casi no teníamos campo de tiro.Cuando el subteniente regresó, pidió voluntarios para buscar al Cabo Fernández. Me ofrecí, pero él se negó, aduciendo que yo era el único jefe de grupo que le quedaba con vida. Por lo tanto, me tenía que hacer cargo de la sección durante su ausencia. Esperó que anocheciera, y junto con los soldados José Aguerrebengoa y José Carobbio, estuvieron buscando al Cabo Fernández por espacio de una hora. La noche era cerrada. Cuando al fin lo encontraron, el Cabo se alegró muchísimo. Estaba casi inconsciente por la pérdida de sangre, pero comentó que, un rato antes, una patrulla inglesa había pasado por ahí y él había fingido estar muerto. Realmente, estaba malherido, porque al intentar moverlo, gritaba a causa de los dolores. A duras penas, llegaron hasta el puesto de socorro. El cabo se salvó, pero perdió dos dedos, y hubo que aplicarle un clavo a la altura de la cadera.Realmente, era una noche muy oscura. Comenzó a lloviznar y hacía mucho frío. Ya casi no se escuchaban disparos, solamente se oían los rotores de los helicópteros ingleses, quienes, aparentemente, acercaban refuerzos, material y munición. Uno de ellos se acercó demasiado hasta nuestras posiciones, pero un nutrido fuego de armas automáticas lo obligó a marcharse. En esos momentos, comencé a tener conciencia de lo que había vivido. Pensaba en mi compañero, y no podía creer que estuviera muerto. Sin darme cuenta, empecé a rezar. Luego lloré, exteriorizando todas mis emociones largamente contenidas. No me avergüenzo de ello, pues creo que es de hombres llorar. Lloré dando gracias por seguir vivo, lloré con dolor por todos aquellos que habían muerto en el cumplimiento del deber, lloré desconcertado, preguntándome el porqué de tanto sufrimiento y tanta guerra, del sacrificio de tantas vidas, de si todo ello valdría la pena. Ya casi no sentía frío. El frío se había hecho carne en mí. Ahora tenía la inmensa responsabilidad de cuidar del resto de los soldados que habían quedado en la sección. Con algunos de ellos, repartimos mantas a todo el personal, para poder dormir más calientes y secos en nuestras posiciones. Era como un merecido premio a tanto esfuerzo. Establecimos un primer turno de guardia para la noche, con el 50% del personal, mientras que el resto descansaría. A mitad de la noche, rotamos. Ya teníamos la orden de esperar hasta el día siguiente. Por lo tanto, hubo un cese momentáneo del fuego. Ya presentíamos que la rendición era inminente y que nada más podíamos hacer.MI HOMENAJEA 22 años de aquella jornada, sigo agradeciendo a Dios por haberme permitido participar en un hecho histórico trascendental: defender a mi Patria en combate. Aún hoy, continúo con el pecho henchido de orgullo por haber tenido como compañeros de armas a aquellos hombres que, con valor, abnegación y espíritu de sacrificio, entregaron sus vidas para restablecer el honor nacional. Quiero transmitir que, como seres humanos, somos temerosos de enfrentar lo inevitable: la propia muerte. Pero ellos supieron hacerlo de cara al enemigo, sin especulaciones.Las acciones heroicas descriptas en este relato no nacieron del cálculo, sino de las enraizadas convicciones de hombres con sentimientos profundos, que sabían lo que querían y hacían.



Ellos constituyen, para los que hoy transitamos en el histórico y querido RI 25, el emblema de nuestros procederes diarios.



Ellos, ya pertenecen a la legión de héroes.Ellos, por su sangre derramada en la fría turba malvinense, son los "BRAVOS del 25”.









ULTIMA CARTA DEL TENIENTE ESTEVEZ

La carta póstuma que el Teniente Don Roberto Estévez dejó escrita, en cumplimiento de orden que se impartió al Regimiento, estaba dirigida a su padre. Esta se convirtió en un documento histórico:



Querido papá,

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión? ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?. Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es: 1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. 2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante, 3) que recen por mí.

Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.

Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto



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